lunes, 5 de diciembre de 2016

¿Qué estamos comiendo?

EL PAÍS NUTRICIÓN
PLANETA FUTURO
Carlos Laorden

La falta de información y la publicidad contribuyen a una alimentación poco saludable.

Una etiqueta nutricional tipo 'semáforo' en un paquete de salchichas. 
Un padre o madre cualquiera, en un país a elegir entre muchos. Se levanta y les da a sus hijos unos cereales de chocolate muy conocidos que les encantan, y (tras muchas otras tareas) se va a trabajar. Los niños comen un menú escolar con patatas fritas y helado, o con bocadillos y zumos azucarados. El progenitor pica algo ya preparado porque no tiene tiempo, y después se toma un refresco para seguir despierto. A la salida, los niños insisten en comer una chocolatina, y el padre o la madre acaban cediendo. Al llegar a casa, tienen que terminar algunas cosas o están agotados, así que dejan a los niños delante de la tele después de freírles unos congelados o calentar una pizza precocinada. Quizá algunos de esos hábitos les parezcan perfectamente adecuados, o tal vez piensen que deben cambiar otros. En cualquier caso, no parece fácil.
Efectivamente, no lo es. Esa misma hacía reflexión Corinna Hawkes, directora del centro para políticas alimentarias de la Universidad de la Ciudad de Londres. Las autoridades sanitarias de numerosos países y expertos en nutrición de todo el mundo llevan tiempo sugiriendo cambios en la dieta. Pero el coste, la falta de tiempo y la mayor disponibilidad hacen que cada vez consumamos más productos ultraprocesados o con grandes cantidades de azúcares, sales, y grasas saturadas, con demasiadas calorías. Muchas veces sin ser conscientes de ello. Y las cifras del aumento de la obesidad y diabetes en los lugares donde se imponen esos patrones de consumo no dejan de aumentar.
Expertos de todo el mundo reunidos estos días en Roma en el simposio internacional sobre nutrición organizado por la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la alimentación y la agricultura) han debatido este jueves sobre qué pueden hacer los Gobiernos y los Parlamentos para facilitar o impulsar ese cambio hacia dietas más sanas, sobre todo entre los más pequeños. Se ha hablado de medidas que equilibren la lucha de precios entre productos frescos y ultraprocesados (como las tasas especiales), otras que regulen los menús escolares o incluso de normas que directamente obliguen a rebajar los niveles de azúcares o grasas en los alimentos. Pero los ponentes se han centrado en dos aspectos: el etiquetado nutricional y la publicidad de los alimentos.

IMPUESTO A LOS REFRESCOS

Marisa Macari, de la ONG mexicana El poder del consumidor, se refería al impuesto para los refrescos azucarados como el que estudian implantar España y otros países— que promovieron en México. Macari ha asegurado que ya se ha reducido el consumo de refrescos como estos, que incluyen hasta un 30% de azúcares, entre un 6% y un 11% desde que se implantó la tasa en 2014. Sin embargo, aún no está claro que lo recaudado se haya invertido en instalar fuentes de agua en los colegios y otras medidas de prevención de la obesidad y la diabetes, como estaba previsto. Medidas como esta pueden ayudar a reducir la diferencia de precio entre estos productos y otros más saludables, como un zumo natural, o el agua.
En Chile, el senador Guido Girardi aboga por aumentar al 18% ese impuesto sobre los refrescos y extender este tipo de tasas a todos los productos alimentarios que lleven una etiqueta "alto en" de acuerdo con los estándares establecidos en el país, al tiempo que apuesta por desgravar alimentos saludables como frutas o verduras.
"Porque las etiquetas de información nutricional no las entiende nadie, ni los médicos de familia", señalaba el senador y también médico chileno Guido Girardi, impulsor de una ley de etiquetado en su país. "Vienen cifradas y en letra pequeñita". En los últimos años, países tan dispares como Reino Unido, Irán o Ecuador han obligado a los productores de alimentos a rotularlos con lo que se conoce como "semáforo". Un sistema de tres colores (verde, ámbar y rojo) que en principio indica al consumidor de una forma más clara los niveles de sales, azúcares o grasas que contiene el producto.
"En Irán el 79% de los productos ya llevan estos símbolos, y la gente tiende a elegir las que tienen verdes", afirmaba Rassoul Dinarwand, de la Administración alimentaria iraní. Sin embargo, en países como Ecuador han encontrado numerosos incumplimientos de la norma a la hora de pintar ese semáforo. El sistema no está exento de polémica, ya que a falta de matices, no siempre hace justicia al contenido: en algunos países, por ejemplo, se puede encontrar que un refresco de cola light recibe luz verde, y una botella de aceite de oliva virgen tiene el disco en rojo.
La gran industria alimentaria se ha resistido y se resiste a implantar este tipo de etiquetas. "Decían que no era información útil para los consumidores, que era mejor mostrar solo la cantidad diaria recomendada (CDR)", explicaba Wilma Freire, de la Universidad de San Francisco de Quito (Ecuador). "Hubo presiones de todo tipo para retirar los semáforos", contaba
Algo parecido ocurrió en Chile, donde los niños de 6 años con sobrepeso y los obesos ya son más de la mitad del total. Pero, tras numerosos estudios, allí decidieron optar por otro sistema. No hay colores para cada valor nutricional, sino sellos. Son señales de stop negras que deben ir en el frontal del producto. "Alto en calorías", "alto en grasas saturadas", "alto en sodio [sales]", "alto en calorías". O las cuatro a la vez. "Tras varias encuestas, los niños dijeron que entendían mejor esto que los colores. Y entonces las empresas rogaron volver al semáforo", recordaba el senador Girardi.
Esos discos negros se imponen cuando el producto supera los niveles considerados aceptables de cada uno de esos elementos. "Es muy importante contar con la academia y el mundo científico, nosotros tuvimos que trabajar mucho con ellos hasta establecer los parámetros", insistía Girardi. Al final, se fijaron, por ejemplo, en 5 gramos de azúcares por 100 mililitros de bebida o 10 gramos por cada 100 de sólido. "Había galletas de avena, empaquetadas como saludables y anunciadas como integrales, que resultaron merecer las cuatro etiquetas", ilustraba el político chileno.
Porque ahí llega el segundo campo de batalla: la publicidad. En Chile, llevar el disco negro de "alto en" conlleva la prohibición de venderse en centros escolares, de hacer publicidad en televisión o internet y de regalar premios, juguetes o pegatinas con la compra. El huevo Kinder Sorpresa y la Cajita Feliz (Happy Meal) de McDonald's han sido algunos de los señalados. "No pueden tener trampas", sostiene Girardi. "Si quieren anunciarse, pueden hacerlo, pero que bajen los niveles".
Hawkes, de la Universidad de la Ciudad de Londres, se había referido al "entorno alimentario", como un factor que marca lo que nos gusta comer, o lo que demandamos. Sobre todo en el caso de los niños. Según la experta, además de su sabor, su precio y la comodidad, las marcas y la publicidad también determinan nuestra dieta. Eso opinaba también Knut-Inge Klepp, de la Universidad de Oslo (Noruega). "Está probado que el marketing de ciertos alimentos hacia los niños tiene una influencia negativa en sus elecciones y patrones de consumo, y cuestiona los mensajes en pos de una alimentación saludable".
Saber lo que comes y lo que das a tus hijos es un derecho humano
GUIDO GIRARDI, SENADOR CHILENO
En el país escandinavo se formó un comité de productores y distribuidores y un código de buenas prácticas publicitarias al que se adhirieron voluntariamente. Esa norma se basa en que dirigir a los niños menores de 13 años campañas o anuncios de ciertos productos (como helados, chocolatinas, refrescos, dulces...) es "inaceptable". Y por tanto, también está prohibido. En televisión, por ejemplo, hasta las 21.00. El Comité admite denuncias de forma anónima y sanciona de acuerdo con el código. "Es un ejemplo de cómo el sector privado puede colaborar", sostenía Klepp. Girardi, en cambio, desconfía: "Las empresas en Chile prometieron autorregulación, pero nunca cumplieron".
La principal crítica hacia este tipo de regulaciones es que limitan la libertad de elegir lo que se come. Anna Taylor, de la ONG británica The Food Foundation, criticaba ese argumento: "En realidad no hay elección: es una ilusión", defendía. "Porque si no tienes información tu decisión no está siendo libre". El senador Girardi insiste: "Saber lo que comes y lo que das a tus hijos es un derecho humano". Por eso, Taylor cree que argumentos como "si la gente lo compra es porque quiere" o "tenemos que poder elegir" son en realidad "una vaga excusa para la inacción de Gobiernos y empresas". Hawkes concluía: "No se trata de prohibir, sino de apoyar un cambio de los patrones. Reduciendo las intrusiones poco sanas en la vida de la gente, cada vez más personas demandarán una dieta saludable".

Amancio Ortega compra una icónica torre de oficinas en el centro de Miami. 4º ESO-Economía

EL PAÍS ECONOMÍA

La firma inmobiliaria del dueño de Inditex ha pagado unos 470 millones de euros por el inmueble (El edificio Southwest Financial Service).

Amancio Ortega, principal accionista de Inditex, ha decidido ampliar su imperio inmobiliario con otra importante compra en Miami. El empresario español ha pagado más de 500 millones de dólares (470 millones de euros) por una emblemática torre de oficinas de 55 plantas conocida como Southwest Financial Service. La compra, confirmada por fuentes del sector y adelantada por medios locales de Florida como Daily Business ReviewMiami Herald, se ha realizado a través de Pontegadea, la inmobiliaria de Ortega.
Según medios especializados se trata de la mayor compra inmobiliaria del año en Miami. El edificio se encuentra en el centro de la ciudad y hasta ahora era propiedad del gigante de la banca estadounidense JPMorgan. Tiene una superficie de cerca de 115.000 metros cuadrados y cerca del 90% está alquilado con uno de los precios más elevados del centro financiero por metro cuadrado. La torre es el edificio de oficinas más alto de la ciudad. Antes conocida como Centro Financiero Wachovia y con una fachada con escalones verticales, fue construida en 1981.

La inmobiliaria de Ortega realiza compras de edificios comerciales y de oficinas principalmente en Europa. Sin embargo, en los últimos años también ha comenzado a expandirse por Estados Unidos. La operación conocida ahora supone la segunda gran compra de Ortega en el sur de Florida. La primera fue la adquisición de una manzana completa en Lincoln Road, una de las calles comerciales más icónicas de Miami Beach, por la que Pontegadea, la sociedad inversora del empresario gallego, tuvo que desembolsar 370 millones de dólares.
Aunque la compañía de inversiones inmobiliarias lleva años adquiriendo edificios históricos, en los últimos meses los rascacielos se abren paso en su cartera. Además de la torre de Florida, Ortega hace apenas un par de meses compró en Madrid la Torre Cepsa, en el complejo de las Cuatro Torres del norte de Madrid. Este inmueble, también de oficinas, tiene 109.000 metros cuadrados y fue diseñada por Norman Foster. Por él desembolsó 490 millones de euros, según cálculos del sector. La compañía no revela sus operaciones ni los importes de estas.

ISTORIA Sobrevivieron 33 militares. Los últimos de Filipinas: ¿locos o héroes? 4º ESO

EL MUNDO CULTURA
Ángel Vivas

Imagen de los 33 militares supervivientes de Baler, fotografiados en los cuarteles de Jaime I de Barcelona 'LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA Y NORTEAMERICANA'

Una película y un ensayo recrean la resistencia de medio centenar de soldados en el interior de una iglesia durante casi un año en 1898.

Enrique de las Morenas, Saturnino Martín Cerezo, Juan Alonso Zayas, Rogelio Vigil de Quiñones, Vicente González Toca... ¿Le suenan estos nombres al español medio? Poco o nada, seguramente. ¿Han oído hablar de los últimos de Filipinas? Ah, sí, esto sí. Pues esos nombres corresponden a algunos de aquellos últimos de Filipinas, el medio centenar de soldados que resistió en una iglesia de la pequeña localidad de Baler, en la isla de Luzón, durante casi un año y hasta después de que hubo acabado la guerra.
Lo anterior demuestra que, aunque haya pasajes de nuestra historia poco conocidos por la mayoría, algunas etiquetas sí se han grabado en la memoria popular. Lo curioso es que a aquellos resistentes empecinados nunca les llamó nadie de ese modo, los últimos de Filipinas, hasta la película homónima de 1945, genuino producto de la época.
Después vino un olvido casi absoluto; para muchos -errónea o injustamente, sin duda- todo lo que tuviera que ver con el viejo imperio español apestaba a franquismo, vade retro. Sólo gente curiosa, desprejuiciada o que le iba esa marcha (militar, por supuesto) se acercaron a ese episodio histórico. Así, el gran Manuel Leguineche, que le dedicó un libro en 1998, José Luis Garci y Juan Manuel de Prada, que trabajaron en un guión que no llegó a la pantalla, o Sancho Gracia, que también quiso hacer una película; su hijo le sacó la espina hace poco viajando allí y a través de la serie El Ministerio del tiempo.

Ahora, cuando se acaban de cumplir 41 años de la muerte de aquél que, por asociación, volvía odioso el imperio, la gesta (porque gesta fue) de Baler vuelve a las librerías y a las pantallas. Hoy se estrena una de esas producciones españolas hechas con buenos medios y gran reparto. En ella han trabajado como asesores históricos Miguel Ángel López de la Asunción y Miguel Leiva, autores del libro Los últimos de Filipinas. Mito y realidad del sitio de Baler (Actas), que también sale estos días a la calle.
Ambos productos, libro y película, ya sin adherencias ideológicas como las de antaño. Porque la película del 45, en la que, como recuerda López de la Asunción, participaron muchos profesionales que también lo hicieron en Raza, tenía que ver con el boicot internacional al régimen de Franco, y "el régimen la utilizó como metáfora del momento, con un mensaje de 'estamos solos y aislados, pero tenemos razón y ganaremos'".
Adherencias franquistas aparte, lo de Baler fue, se dice en la contraportada del libro, "una de las páginas más brillantes de la historia militar de España". Y no, no estaban locos aquellos héroes de Filipinas, que sabían lo que querían. Querían resistir, mantener el tipo, porque simplemente desconfiaban de la información que les pasaban sobre el fin de la guerra. "Sabían que había empezado la guerra con Estados Unidos, pero no podían entender el giro tan rápido que había dado la situación. Entraron en la iglesia como amos del imperio y creyendo que el ejército norteamericano era endeble y le iba a durar poco a los españoles. Una vez dentro, no saben que todos los destacamentos se han rendido y esperan que, en cualquier momento, aparezca un barco español que los rescate. Y, por supuesto, creen que, si salen, los filipinos les van a pasar por las armas".
Aguantaron y las pasaron de todos los colores. Un dato entre muchos posibles de los descubiertos por los autores tras 20 años de investigación: un soldado cuenta que salieron a coger un perro, desafiando las balas enemigas, cuando consiguieron hacerse con él descubrieron que tenía sarna; "pero nos supo a jamón", remata el soldado. Llegaron a extremos como ése, aunque parece que no traspasaron la línea del canibalismo. Los cuatro jinetes del Apocalipsis les acompañaban a diario. De los 19 muertos, 12 lo fueron por el tristemente célebre beriberi, tres por disentería, dos por fuego enemigo y dos fusilados.
Uno de los mitos a los que alude el subtítulo del libro es la bisoñez y falta de preparación de los soldados. "Eran veteranos, tenían experiencia de combate, algunos estaban condecorados, era gente que había tomado puestos enemigos luchando cuerpo a cuerpo. En Baler mantuvieron la posición porque era su deber, ni siquiera eran conscientes de estar haciendo algo heroico", dice López de la Asunción. Finalmente, tras desoír varias informaciones sobre el fin de la guerra, creyendo que los periódicos que les pasaban eran falsos, un soldado ve una noticia que no podía ser inventada, sobre el destino de alguien que él había conocido.
En el último acto, los sitiadores se portaron con nobleza en el trato a aquellos últimos de Filipinas. "Tenían sus propios motivos", dice López de la Asunción. "Han entrado en guerra con Estados Unidos y quieren aparecer como un pueblo civilizado, como gente preparada para vivir independientemente, no como indígenas salvajes. Su actitud caballerosa hacia los españoles les viene bien en ese sentido, pero también reconocen el valor demostrado por éstos".
Una diferencia entre el libro y la película es que ésta ha diluido a los soldados de Baler en un colectivo anónimo, simbolizando en ellos todo el sufrimiento de los que lucharon en el Desastre del 98; mientras que los autores del libro han rescatado, uno por uno, con sus nombres y biografías, a los protagonistas. "Eso es más culpa mía", dice López de la Asunción. "Además del aspecto militar, me interesaba el drama humano, quiénes eran, de dónde venían. Ha sido muy difícil, pero también la parte más bonita. A veces, si descubría un dato nuevo a las tres de la mañana, le ponía un mensaje a Miguel Leiva y me decía que él estaba trabajando. Nosotros sí hemos estado más locos que los de Baler".
En cuanto a la película, hay anécdotas para dar y tomar. Desde los actores que se metían en un río guineano con cocodrilos ("el miedo es un rato, pero el cine es eterno", lo justificó uno de ellos) a usar sellos reales de entonces aunque no se vieran, como dicen que hacía Visconti, que, dentro de armarios que no se iban a abrir, exigía que hubiera ropa de época.

RELEVO EN BANCO POPULAR. 4º ESO- Economía

CINCO DÍAS
Pablo M. Simón

Así fue la gestión de Ángel Ron, su caída y las causas de la 'guerra'.

El baluarte de Ángel Ron, la Sindicatura de Accionistas –vinculada al Opus Dei y con más de un 9%–, al menos una parte mayoritaria de ella, apoyó la continuidad del expresidente.

El Expresidente del Banco Popuilar, Angel Ron. (Pablo Monge)

Ángel Ron (Santiago de Compostela, 1962) era un hombre de la casa. Siempre ha vivido en Popular, nunca se fue desde que debutó en el banco con su primer empleo con 22 años, allá por 1984. Galicia fue el trampolín que le permitió dar el salto cinco años más tarde a la presidencia de Caja Cooperativa de Promoción y Crédito, un pequeño banco especializado en microcréditos propiedad del grupo.
Su siguiente prueba fue otra filial de Popular, Banco de Depósitos, que pilotó desde 1991 a 1995, para después ser director regional de Asturias y Cantabria hasta 1998, cuando, ya en Madrid, se convirtió en director comercial del grupo. Con Ron en la cúpula del poder, en 2002, los hermanos Lluis y Javier Valls Taberner, los artífices del crecimiento de la entidad y copresidentes durante 32 y 17 años, respectivamente, fueron preparando su salida, otorgando más responsabilidades a su delfín

El desplome

El número de acciones dePopular se ha disparado en la última década debido a las múltiples macroampliaciones de capital. En 2006, tenía 243 millones de títulos, y ahora tiene cerca de 4.200 millones.
La cotización se ha desplomado un 97% desde los máximos de 28,2 euros por acción –precio ajustado conforme a los criterios de Bloomberg– que alcanzó en el mes de abril de 2007.
Ángel Ron, hace ahora algo más de 12 años, se convirtió en el consejero delegado de Banco Popular, para después ser copresidente con Javier y quedarse al frente de la entidad él solo en 2006. El banco tenía a gala ser el más eficiente (el que menos gastaba para conseguir ingresos) del sector financiero español y estar centrado en un área de negocio muy atractiva, con las pequeñas y medianas empresas como punta de lanza de su clientela. 
Ladrillo tóxico
El gran problema fue el ladrillo. Con un balance de activos inmobiliarios de más de 34.000 millones de euros a cierre del pasado septiembre sobre un balance de apenas 130.000, los hermanos Valls Taberner habían ido creando un monstruo, con la chequera siempre abierta para promotores grandes y pequeños a través de Popular y sus cinco bancos regionales: Banco de Castilla, Banco de Crédito Balear, Banco de Galicia, Banco de Vasconia y Banco de Andalucía. 
Ron tomó las riendas de Popular cuando la burbuja todavía no había estallado en toda su magnitud. Los bancos de inversión, incluso aquellos que participaron en varias de las operaciones de rescate de la entidad, afean que el expresidente nunca tomó decisiones, al menos no taxativas ni drásticas, para sanear un activo plagado de ladrillo tóxico de necesidad. 

Los accionistas han inyectado en la entidad 5.500 millones en los últimos cuatro años

Banco Pastor
Es más, antes de que comenzara el verdadero comienzo del baile de fusiones-rescates-intervenciones, Ángel Ron se lanzó a por Pastor sin ningún tipo de red. Lo hizo pagando con acciones, a través de una ampliación de capital, y valorando a la entidad gallega en cerca de 1.400 millones de euros. La digestión no fue fácil, y menos la de un banco que también tenía el corazón construido a base de cemento. 
Ni esquemas de protección de activos, como CaixaBank con Banco de Valencia, BBVA con CaixaCatalunya o Liberbank con Caja Castilla La Mancha. El gran mantra de Ángel Ron siempre fue Popular es un gran banco y no necesita ayudas. Y cierto es. El banco es uno de los pocos que no ha recibido ni un euro de ayuda. Popular no pudo utilizar la Sareb, el banco malo creado en noviembre de 2012 por el Estado para absorber ladrillo, porque solo le podían traspasar activos bancos que habían recibido ayudas.

La mayoría de los consejeros apoyaba la gestión del expresidente, pero intervenciones externas le hicieron perder la batalla

Inyección de 5.500 millones
Popular no ha costado dinero público, pero sí privado. Sus accionistas le han inyectado unos 5.500 millones de euros en los últimos cuatro años, a razón de tres ampliaciones de capital casi sucesivas. Dos de ellas, macroampliaciones de 2.500 millones cada una, y otra de casi 500 millones en la que se dio entrada a los que ahora han capitaneado la rebelión contra Ron: los mexicanos Del Valle. 
La espiral de ampliaciones arrancó en septiembre de 2012, cuando fue el único gran banco español, al margen de las antiguas cajas de ahorros, que no superó las pruebas de resistencias encargadas por el Ministerio de Economía. Ángel Ron pidió el apoyo de los accionistas y lo consiguió, al levantar 2.500 millones de euros en una ampliación de capital extremadamente dilutiva, al emitir más de 6.200 millones de títulos nuevos a 0,41 euros cada uno. 
Ese fue un match point, aunque unos meses después se anunció otra operación que se publicitó como el desembarco de Popular en Latinoamérica. En realidad, significó la inyección de 450 millones de euros adicionales; fue entonces cuando entraron los Del Valle y otros inversores mexicanos a finales de 2013 para quedarse con alrededor del 6% del capital. 
Ese año, Ángel Ron había vendido el 51% de Aliseda a los fondos Värde y Kennedy Wilson por algo más de 800 millones. Aliseda era una auténtica inmobiliaria para tratar de deshacerse de parte del ladrillo, a imagen y semejanza de las de otros bancos, como Santander (Altamira) o Sabadell (Solvia). Ni de lejos fue suficiente. Ron llegó tarde a tomar conciencia del problema real, tampoco tenía a nadie en ese momento que le dijera las verdades del barquero. 
Desplome en Bolsa
En Bolsa, el abismo era incontestable. A mediados de 2013, Popular realizó una agrupación de acciones (contrasplit, en la jerga) de cinco a una para evitar que cotizara a precios de chicharro (en torno a los 0,5 euros por título), pero ese efecto óptico no podía ocultar la realidad. Desde los máximos históricos que alcanzó en abril de 2007 de más de 28 euros  –ajustado de acuerdo a los criterios de Bloomberg–, el valor se hundía más de un 80%. 
Accionistas de Popular.
En una decisión inédita, la entidad suspendió los dividendos en 2012, tras entregar uno en junio de ese año, y no los retomó hasta febrero de 2014. La ampliación de 2.500 millones de euros, un secreto a voces pero negado desde la dirección, confirmaba que el banco necesitaba otra vuelta de tuerca en capital y requería redimensionar su tamaño y su plantilla. La nueva inyección de fondos propios concluyó con éxito en junio, pero aun así no fue suficiente para que Popular recuperara la confianza del mercado. 

La acción de Popular se desploma más de un 95% desde los máximos que marcó en 2007

El cabeza de turco en la dirección fue el consejero delegado desde enero de 2013, Francisco Gómez Martín, que fue sustituido por Pedro Larena. Hace unos días, además, cerró un expediente de regulación de empleo para la salida de cerca de 2.600 empleados, prometió volver a repartir en dividendos en efectivo en 2017, por alrededor de un 25% del resultado, y subir ese porcentaje en el ejercicio siguiente hasta un mínimo del 40% del beneficio en 2018. También diseñó un plan para sacudirse 6.000 millones de ladrillo de golpe a través de la colocación de su banco malo en Bolsa. Un propósito que sonaba a broma entre los banqueros de inversión. 
El sustento del expresidente
La rebelión en el consejo ya estaba en marcha, capitaneada por los mexicanos y, en realidad, con el apoyo de pocos más. El gran baluarte de Ángel Ron, la Sindicatura de Accionistas –vinculada al Opus Dei y con más de un 9% del capital– seguía brindándole su apoyo, al menos  una parte mayoritaria de ella. Lo mismo ocurría con la mayoría de sus otros accionistas de referencia. 
Las participaciones de los consejeros críticos eran minoría, según las fuentes consultadas, que apuntan a la intervención de la presidenta de la comisión de nombramientos, Reyes Calderón, también vinculada a la prelatura personal aunque enfrentada a la Sindicatura, como clave en la caída de Ron. Su gran baza era el desplome de la acción, superior al 97% desde el récord, un argumento incontestable que pone en jaque toda la gestión de Ron y que los consejeros favorables al expresidente han tenido finalmente que aceptar. 
Las posiciones de los otros grandes accionistas, hasta que anoche se organizó el asalto definitivo, estaban alineadas con el expresidente. Jaime Ruiz era el principal enemigo, representante del 4,25% de los accionistas mexicanos, mientras que Credit Mutuel, con un 3,95%, y Allianz (Vicente Tardío representa ese 3,05%) estuvieron del lado de Ron, aunque finalmente han desistido. Fuentes conocedoras de la guerra señalan también que ha sido decisiva la opinión de instituciones más allá del consejo. 


Retrato del fin de un imperio. 4º ESO

'1898. Los últimos de Filipinas' refleja la paranoia que sufrieron los soldados españoles que defendieron el último bastión del dominio español en la isla. Sus protagonistas y director hablan de la película en un encuentro exclusivo con suscriptores de EL PAÍS.
Pinchando en el enlace se accede a la noticia.

El puerto que aprovisionó a la gran pirámide de Keops. 1º ESO

EL PAÍS CULTURA
Ricard González

Los de Wadi al Jarf, en la costa egipcia del Mar Rojo, son los muelles más antiguos de la humanidad.

Zona de anclaje. 
“Los papiros incluyen la contabilidad de las herramientas y los víveres que se distribuían a los hombres que trabajaban para el rey, indican su procedencia y las instituciones que los distribuían. También hay diarios de a bordo de los marinos... que varios meses antes de llegar al Mar Rojo tenían como misión aportar piedras calcáreas de las canteras de Tura para la pirámide del rey”, agrega el profesor. Desde mediados de los años cincuenta, se conocía la existencia de un sitio arqueológico en el lugar. No obstante, la crisis de Suez, interrumpió los trabajos, que no se reanudaron hasta 2011, y no fue hasta dos años después que el equipo de arqueólogos fue consciente la importancia de los restos hallados.
Según el profesor Taller, el puerto de Wadi al Jarf estuvo en funcionamiento durante un periodo corto de tiempo, como también era limitado el comercio marítimo en aquella época. “Se trata de una instalación efectuada por el Estado para permitir a sus equipos viajar e ir directamente a las minas del Sinaí, al otro lado del golfo de Suez. Era algo puramente estatal, no había realmente intercambios”, apunta Taller. El puerto era una impresionante obra de ingeniería, construido con roca caliza, y contaba con varias construcciones a su alrededor, probablemente almacenes. Además de los archivos de papiros, los arqueólogos hallaron una veintena de anclas, y diversos objetos de cerámica.
Los descubrimientos sobre las primeras dinastías del Antiguo Egipto se suceden a un ritmo vertiginoso. Esta misma semana, el ministerio de Antigüedades anunció el hallazgo de una aldea y una necrópolis de hace más de 5.000 años en Abydos, un sitio arqueológico situado en la sureña provincia de Sohag. De acuerdo con las autoridades egipcias, se trata de la residencia de altos funcionarios y arquitectos encargados de la construcción de las tumbas de los faraones de la Primera Dinastía.

Holanda investigará su oscuro pasado colonial en Indonesia. 4º ESO

EL PAÍS INTERNACIONAL
Isabel Ferrer

El país intenta cerrar “una página negra” de su historia.


Soldados holandeses apuntando a combatientes indonesios, del libro 'Koloniale Oorlog'

Holanda va a revisar su pasado más oscuro. El Gobierno de centro izquierda ha dado luz verde este viernes a la apertura de una investigación "a gran escala" sobre la violencia desatada durante la descolonización de la actual Indonesia (1945-1949), por dolorosa que sea. En ese periodo murieron unos 100.000 indonesios y alrededor de 5.000 soldados holandeses, y desde entonces son muchas las voces que critican el comportamiento del ejército holandés y sus posibles crímenes contra la humanidad.  
“No debemos tener miedo a mirarnos en el espejo del pasado, aunque lo ocurrido en Indonesia sea una página negra de nuestra historia”, ha dicho Bert Koenders, ministro de Exteriores holandés. 
El Ejecutivo sufragará el estudio, que también abordará la responsabilidad política de lo ocurrido, y para el que se abrirán los archivos del Instituto para el estudio de la Guerra, Holocausto y el Genocidio, y los de Historia Militar y de Etnología. El trabajo de los expertos consistirá en analizar los excesos cometidos por ambas partes. En el caso holandés, sobre todo, la quema de aldeas y las ejecuciones sumarias y torturas de los últimos momentos. En el indonesio, se refiere a los perpetrados durante el vacío de poder creado tras la II Guerra Mundial, entre agosto de 1945 y diciembre de 1946. Denominado Periodo Bersiap, con las tropas japonesas batiéndose en retirada, y antes de que los militares británicos cedieran el paso a los holandeses hasta la independencia final, hubo una revolución interna.
Más de 20.000 civiles indo europeos perecieron a manos de guerrilleros independentistas indonesios. Mark Rutte, primer ministro holandés, y licenciado en Historia, ha recordado que la descolonización ya se investigó en los años sesenta, “pero ahora contamos con muchas más fuentes, y por tanto, con más datos”. En su propia familia se trata de un asunto inescapable: su padre dirigía una empresa en Indonesia, y su primera esposa falleció en un campo de concentración japonés. La segunda es la madre del político. “En mi casa esa época está muy presente y yo he crecido oyendo hablar de ella. Es incluso más relevante que la II Guerra Mundial, para nosotros”, ha dicho.
El estudio recién anunciado llega después de que el historiador Rémy Limpach (suizo-holandés) publicara el pasado septiembre una tesis doctoral sobre la descolonización en la que afirmaba que “la violencia de las unidades especiales de las tropas holandesas fue aplicada de forma estructural y sistemática, no incidental”. Liesbeth Zegveld, la mayor experta en derechos humanos del país, ha añadido que en estos casos “hay que persistir, proceder e investigar, porque la mayoría de los afectados indonesios ha fallecido, y los que restan solo podrán cerrar este capítulo de su vida con un gesto así”. 

Europol alerta: el ISIS tiene decenas de terroristas en Europa listos para atentar. 4º ESO

La agencia europea advierte de posibles ataques de lobos solitarios o con coches bomba.
Pinchando en el enlace se abre la noticia.