lunes, 5 de diciembre de 2016

Falangistas incómodos. 4º ESO

ABC CULTURA
Fernando García de Cortázar

Recuerdo de unos jóvenes idealistas que se negaron al olvido de sus ideales.
José Antonio Primo de Rivera, en un acto de Falange Española - ABC


No era un grupo de personas de edad avanzada, prisionero de ese juego de espejos deformante con que la nostalgia envuelve a veces una vejez airada. No eran los fantasmas de un sueño ya agotado, espíritus ciegos vagando en un mundo que no los reconocía. No eran, desde luego, los valedores de cargos y sillones, de prebendas y oropeles del poder, defendiendo las rentas de una inversión trágica hecha a sangre y fuego en la guerra civil. No eran miserables oportunistas deteniendo el curso de la historia en su provecho y arrebatando a España su derecho a la difícil libertad y la exigente ciudadanía. Eran unos pocos jóvenes idealistas, agrupando en sus corazones los mitos de una juventud sacrificada en las trincheras, albergando en sus palabras las esperanzas más puras de una generación diezmada por la violencia armada, desalentada por el paso de los años, resignada a la pérdida de sus impulsos iniciales, cuando la normalización del régimen de la victoria incluyó el olvido de las mejores intenciones de su momento fundacional.
Eran falangistas nacidos después del combate feroz de las dos Españas, y educados en unos principios cuya limpia evocación contrastaba con una realidad miserable y egoísta. Los universitarios que crearon en los años sesenta el Frente de Estudiantes Sindicalistas hablaban, por ello, de la «revolución pendiente». El concepto había sido empleado por José Antonio Primo de Rivera en 1934, al intervenir en las Cortes y anunciar cómo una movilización de los españoles en torno a la justicia social y el patriotismo acabaría con las revoluciones parciales, antinacionales, provocadoras de sentimientos de frustración en las masas ávidas de un destino común, ansiosas de progreso material y plenitud espiritual. En sus palabras, aquel puñado de jóvenes veía una promesa de redención no realizada, un llamamiento no atendido, una revolución que aún estaba por hacer.¿Cómo no comprenderles, cómo no dedicarles un recuerdo en esta serie, cuando nunca les empujó la codicia o la promoción personal, sino una lectura directa de palabras pronunciadas mucho antes de que ellos iniciaran su vida intelectual consciente? ¿Cómo no entender aquel contraste entre los discursos joseantonianos, los puntos programáticos de la vieja Falange y el espectáculo desolador de lo que se gestionaba en su nombre: apetito de enriquecimiento, despolitización de la juventud, destrucción de valores sociales, pérdida del sentido de la solidaridad, quiebra de la nación y falta de horizontes integradores? ¿Cómo no escuchar su frustración y su rabia, cuando todo ello se hacía con la coartada inmunda de quienes habían entregado su vida en los inicios de la guerra civil?
«Nosotros no hemos jurado lealtad a los fundadores del Movimiento Nacional -Serrano Súñer, Francisco Franco-, sino a José Antonio o, mejor dicho, a su doctrina. La figura de José Antonio es algo limpio, válido todavía ante los ojos del pueblo español. Hemos llegado al convencimiento de que la Falange quería algo distinto y que el actual régimen no hará nunca la Revolución de José Antonio». Publicadas en octubre de 1965, estas palabras mostraban la persistencia de una ilusión, depurada del pragmatismo político, de las servidumbres de la estrategia, de la necesidad de conciliar la utopía necesaria y el realismo indispensable. Pero había mucho de sobria veracidad en aquella indignación. Había mucho más que ingenuidad y torpeza adolescentes. Existía, sobre todo, una discordancia entre los sueños de una generación y el mundo que había dejado de soñar y se alimentaba con la prosaica y desalentada materia de una vida a la que se había cortado cualquier impulso de esperanza radical.
«La Revolución Nacional-Sindicalista, escarnecida y burlada, fue concebida como solución a los problemas de nuestra Patria, como ejecutora de la alta tarea moral de desmontar el capitalismo, ese generador de la descomposición social. Esta España en la que vivimos, que no es la de los españoles, sino la de una minoría de privilegiados, no nos gusta», proclamaba una hoja del Frente de Estudiantes Sindicalistas. No puedo ni quiero juzgar la actitud de estos jóvenes refiriéndome a la rectitud de su doctrina o a la validez de sus propuestas. Me interesa más su patriotismo abierto, su esfuerzo rebelde, su voluntad de construir una comunidad integradora, su perspicacia para darse cuenta de la alarmante pérdida de tensión espiritual de un mundo que avanzaba ya por la senda del consumismo.
Me interesa su deseo de diálogo con todos los españoles que se sintieran llamados a trabajar por su patria. Me interesa su desprecio de quienes usaron nombres de héroes limpios para medrar. Me interesa la intransigencia de su protesta ante la injusticia y el incumplimiento de lo prometido a una España desangrada. Me interesa su sorpresa ante la conducta impropia de jerarcas que habían olvidado el principal mensaje joseantoniano. Falange era una exigencia espiritual que no toleraba la venalidad, el propio provecho o la arrogancia: «La revolución de José Antonio aspira a cambiar el modo de ser de los españoles. Los camaradas que siguen usando la mentira, la envidia, la soberbia en su actividad social y política, mal podrán titularse falangistas».
Mis simpatías no pueden atenerse a sus dogmas. Pero tienen que inclinarse ante su autocrítica, su ansioso descubrimiento de la patria indefensa y su decisión de ir contra corriente. A sabiendas de que serían castigados por la autoridad y aislados por el sectarismo, no dudaron en oponer sus rectas ideas a la incomprensión de sus compañeros. Estaban cansados de la retórica de bisutería. Esa grandilocuencia insensata, circense y cuartelera, que resonaba en todas partes mientras ellos escuchaban el timbre honesto de la primera Falange. Mientras leían a aquel a quien nunca pudieron escuchar, y que les hablaba de la reconciliación necesaria de los españoles, antes de que todo se perdiera en los túneles de la mezquindad y en el subsuelo de la locura. El José Antonio ya por siempre joven, honesto, firme, sensible y justiciero, que les contemplaba, con simpatía, desde su bien ganada eternidad.

¿Puede haber vida en el océano subterráneo de Plutón? 1º ESO

ABC CIENCIA
Judith de Jorge Gama

Investigadores creen que la presencia de amoníaco solo permitiría la existencia de organismos muy básicos y primitivos, incluso precelulares.

Vista de Plutón tomada por la nave New Horizons de la NASA. La topografía tiene un código de colores: morado y azul son bajos y amarillo y rojo, altos - PM Schenk LPI / JHUAPL / SwRI / NASA

Plutón, el icónico planeta enano en el extremo del Sistema Solar, puede tener un gran océano bajo su superficie. Así lo indican las últimas investigaciones realizadas a partir de las imágenes tomadas por la sonda New Horizons de la NASA durante el sobrevuelo de ese lejano mundo en julio de 2015. Entonces se descubrió una brillante región en su superficie con una curiosa forma de corazón, conocida como Sputnik Planitia. Ahí debajo, concretamente en el «ventrículo» izquierdo, escondido bajo una capa helada, es donde puede existir ese mar exótico, espeso y frío. Pero, ¿puede contener vida?

William McKinnon, profesor de ciencias terrestres y planetarias en la Universidad de Washington en St. Louis y coautor de dos de los cuatro nuevos estudios sobre Plutón publicados esta semana en la revista «Nature», sostiene que es posible, pero que en ese caso sería muy básica y primitiva, ya que ese océano está cargado de amoníaco. 
La presencia del líquido acre e incoloro ayuda a explicar no sólo la orientación del planeta enano en el espacio, sino también la persistencia del enorme océano cubierto de hielo de casi 1.000 km de ancho y más de 80 de espesor que otros investigadores llaman de «aguanieve» o «medioderretido», pero que McKinnon prefiere presentar como viscoso o meloso.
«De hecho, la New Horizons ha detectado amoníaco como compuesto en Caronte, la gran luna de Plutón, y en una de las pequeñas lunas. Por lo que es casi seguro que está también en el interior de Plutón», dice McKinnon. «Lo que creo que está ahí abajo en el océano es bastante nocivo, muy frío, salado y muy rico en amoníaco, como un jarabe o un sirope».
«No es un lugar para los gérmenes, y mucho menos para los peces, calamares, o cualquier forma de vida tal y como la conocemos», agrega. «Pero al igual que con los mares de metano en Titán -la luna principal de Saturno- se plantea la cuestión de si algunas formas de vida verdaderamente nuevas podrían existir en estos líquidos exóticos, fríos».
A medida que la humanidad explora el Cinturón de Kuiper y llega cada vez más lejos, hay más posibilidades de descubrir nuevos mares subterráneos y más posibilidades para la existencia de vida exótica. «La idea es que los cuerpos de escala de Plutón, de los cuales hay más de uno por ahí en el Cinturón de Kuiper, podrían tener este tipo de océanos. Pero serían muy exóticos en comparación con lo que pensamos que es un océano», apunta el investigador.
Y continúa: «La vida puede tolerar un montón de cosas: una gran cantidad de sal, frío extremo, calor extremo, etc, pero no creo que se pueda tolerar la cantidad de amoníaco que Plutón necesita para evitar que su océano se congele (el amoníaco es un excelente anticongelante). No es que el amoníaco sea del todo malo. En la Tierra, los microorganismos en el suelo fijan el nitrógeno en amoníaco, que es importante para la fabricación de ADN y las proteínas».

Vida precelular

Pero a su juicio, si se especula sobre la vida en un océano que está completamente cubierto con una capa de hielo, lo más probable es que lo mejor que pueda esperar es una especie muy primitiva de organismo. «Incluso podría ser precelular, como pensamos que era la vida en la Tierra temprana».
La investigación recientemente publicada se adentra en la creación, probablemente por un objeto de 200 km de ancho proveniente del cinturón de Kuiper que golpeó Plutón hace más de 4.000 millones de años, de la cuenca que incluye Sputnik Planitia.
El colapso del enorme cráter levantó el océano bajo la superficie de Plutón, y la densa agua, en combinación con la densa superficie de hielo de nitrógeno que ocupa el agujero, formó un enorme exceso de masa que provocó que Plutón volcara y se reorientara sobre sí mismo con respecto a Caronte.
Pero la elevación del océano no durará si el hielo de agua caliente en la base de la capa de hielo puede fluir y adaptarse a la manera de los glaciares en la Tierra. Agregando suficiente amoníaco al agua, a temperaturas increíblemente frías (de hasta menos 145 grados Fahrenheit) aún puede ser líquida, aunque muy viscosa, como el sirope frío de las tortitas. A estas temperaturas, el hielo de agua es rígido, y la superficie del océano elevado se convierte en permanente.
«Todas estas ideas acerca de un océano interior de Plutón son creíbles, pero son inferencias, no detecciones directas», advierte McKinnon. «Si queremos confirmar que existe un océano así, necesitaremos mediciones de la gravedad o radar de sonido del subsuelo, lo cual podría lograrse mediante una futura misión orbital a Plutón. ¡Todo depende de la próxima generación para continuar donde lo dejó la New Horizons!».


Trump desata la euforia en Wall Street. 4º ESO-Economía

EL PAÍS ECONOMÍA
Sandro Pozzi

Los inversores confían en que los estímulos prometidos por el presidente electo apuntalen la recuperación.

Corredores de Bolsa realizan su trabajo en el parqué de Nueva York  EFE

La escalada poselectoral continúa en Wall Street, como si los inversores hubieran perdido de golpe el miedo que durante los últimos dos años puso un sobrero a los índices de referencia del parqué. La volatilidad se esfumó y dio paso a un equilibrio más normal. ¿Pero este repentino cambio psicológico es realmente el efecto del Trumponomics o reflejo de que la economía de Estados Unidos va mejor?
Los analistas de RidgeWorth lo explican de la siguiente manera. Las semanas previas a las elecciones dominó la tensión, porque se esperaba un recuento de votos muy reñido. Ese elemento de riesgo se disipó antes de la apertura el mercado el 8 de noviembre. En ese momento entraron en juegos dos elementos. Por un lado, se constató que las condiciones económicas mejoran y eso llevará al alza de tipos de interés.El consumo, como refleja el dato de crecimiento del tercer trimestre, ganó fuerza y la confianza está en máximos de ocho años. Eso, en principio, se traduce en mejores resultados para las empresas. A la mejor coyuntura se le suma, por otro lado, la promesa de estímulos fiscales, el gasto en infraestructuras y el recorte de la regulación con Donald Trump, lo que reduce costes y mejora el margen de beneficio.
Estos dos factores crearon una rotación en las inversiones que favoreció a los valores financieros, energéticos, transporte, materiales e industriales. Son los que tomaron las riendas del parqué durante las últimas cuatro semanas. En el caso de los bancos, el incremento en noviembre fue del 13%. Este giro hacia los valores tradicionalmente más defensivos afectó a las firmas tecnológicas.
El Dow Jones, el S&P 500, el Nasdaq y el Russell 2000 están en máximos. Sorprendió la intensidad con la que los inversores sacaran el dinero de la renta fija para meterlo en la variable. El tipo del bono a 10 años está al 2,4%. El oro dejó de ser puerto refugio, lo que provocó una caída del 8% en noviembre, mientras que el cobre se apreció un 20% por la expectativa de que habrá más inversiones.
El dólar, entre tanto, se apreció respecto a la cesta de divisas hasta el máximo de 14 años y el petróleo puso también de su parte al apreciarse el miércoles casi un 10% tras el acuerdo del cártel de la OPEP para recortar la producción. La economía de Estados Unidos, además, está mostrando más vigor en la recuperación cuando se compara con las otras potencias avanzadas y emergentes.

Complementar a la Fed

Lo cierto es que los analistas están teniendo dificultad al poner nombre a está euforia, porque la realidad es que hay temores latentes sobre lo que significa la presidencia de Trump. BlackRock y Standard Bank hablan de que la victoria del republicano desató el “instinto animal” de los inversores, un término acuñado por John Maynard para explicar la urgencia por pasar a la acción.
Las empresas y los inversores llevan tiempo pidiendo estos estímulos fiscales que promete el magnate para completar el trabajo de la Fed. De hecho, no hay fe hacia los instrumentos que tienen los bancos centrales para superar el estancamiento que sufre la economía global. Como indican desde Wells Fargo, la esperanza es que el nuevo líder inyecte una dosis de gasto que rompa esta tendencia.
Aunque el Dow Jones superó el nivel de los 19.000 puntos y le bastaría con subir un 5% para alcanzar los 20.000 puntos, lo cierto es que los movimientos están siendo muy cortos en el parqué. El máximo actual, de hecho, no está tan lejos del récord previo que se marcó en agosto. Los índices están esencialmente al nivel en el que se vio entre mediados de julio y comienzos de octubre.
Lo complicado, señalan desde UBS, es entender cómo van a lograr conectar las diferentes propuestas. “Es pronto para saber qué políticas podrán realmente sacar adelante”, añaden desde Fiduciary Trust. “El recorte de impuestos es fácil de vender”, opinan en RidgeWood, pero hay otras cosas en juego que son más complicadas. Todo está construido sobre las expectativas de algo que aún debe concretarse.

Un respiro

Los gestores de cartera de BlackRock creen por eso que los mercados necesitan darse un respiro para digerir las ganancias más recientes. Se fijan en concreto en la escalda del Russell 2000, que integra a las compañías cotizadas de pequeño tamaño. Subió un 12% desde las elecciones, porque en estos valores no están tan expuestos a los efectos de la apreciación del dólar como las multinacionales.
Los estrategas de Bespoke también ven posible a largo plazo que se dé un paso atrás, aunque no será dramático. Los tres últimos años el arranque de diciembre se caracterizó por ser débil. “Hay numerosas variables que pueden afectar al sentimiento a corto plazo”, indican refiriéndose al referéndum de este domingo en Italia. También el menaje que pueda dar la Reserva Federal.
La historia dice, además, que el primer año del nuevo presidente no suele ser bueno para los mercados. El S&P 500 suele perder un 2,7% tras la victoria de los republicanos. El mercado, además, está caro y eso hace pensar si realmente la pena pagar el precio. Pero como señalan desde el American Enterprise Institute, “los días de la austeridad y de los recortes acabaron con Trump en el partido republicano”.
Esta masa de estímulos, según JPMorgan, significa que la inflación puede subir rápido y llevar a un recalentamiento de la economía. La Fed, además, suele reaccionar tarde y esta reacción en los bonos, el dólar y las acciones le plantea un dilema. Por eso consideran que hay un claro motivo ir con cuida. O dicho de otra manera, más tiempo estén las cosas bajo control, más durará la subida en los mercados.

El gran asterisco

Aunque los inversores no parecen muy preocupados, también da la impresión de que no se está poniendo precio a la posible adopción de políticas proteccionistas. Trump defendió elevar los aranceles para los productos importados, de renegociar acuerdos comerciales y de abandonar pactos que considera dañinos para el empleo. Un conflicto, advierte BlackRock, es un riesgo claro para la renta variable.
Es el gran asterisco en esta especie de pasión por el Trumponomics. Como señalan desde Wells Fargo, “los recortes fiscales y el incremento del gasto pueden estimular el crecimiento, pero las tarifas y las restricciones en inmigración pueden frenar también el crecimiento”. Por eso, a diferencia de otros bancos, evita elevar sus previsiones para EE UU. El margen que tiene Trump, añaden, es muy pequeño.
Goldman Sachs describen, así, la situación como una batalla en el primer año de presidencia del republicano entre la “esperanza” de hacer "América grande otra vez", el eslogan de su campaña, y el “miedo” de que sus políticas acabarán generando más daño. La competencia entre esas dos visiones, añaden, determinará hasta dónde llegarán los animal spirits.



Un nuevo mapa de la desigualdad en la UE.

EL PAÍS NEGOCIOS
María Fernández

Variables como la tolerancia, la inclusión y el desarrollo personal marcan el nuevo paradigma.


El paro y los bajos salarios perpetúan las diferencias en España./
Recientemente la Comisión Europea, junto con el Instituto Vasco de Competitividad (Orkestra), ha aplicado el índice de progreso social ideado por la ONG norteamericana Social Progress Imperative a 272 regiones europeas. Este indicador, apadrinado por el economista Michael Porter, valora en cada territorio cientos de variables gracias a las bases de datospublicadas por la oficina estadística (Eurostat) y a centenares de encuestas. El resultado es elocuente: las regiones con un mayor PIB per capita no son las que mejor lo hacen en términos de progreso social. España, y por extensión los países del arco mediterráneo, cubre de manera muy eficaz las necesidades básicas de sus ciudadanos, pero no facilita oportunidades igualitarias en la medida en que sí lo hacen otros países con el mismo nivel de riqueza.
El índice aporta datos sobre tres dimensiones: atención a necesidades humanas básicas —ahí la mayoría de las regiones europeas muestran buenos resultados—; fundamentos de bienestar, como acceso a conocimientos básicos, información o cuidados médicos esenciales y, en tercer lugar (y no menos importante), las oportunidades que ofrece cada territorio en la medida que permite a sus habitantes desarrollarse personal y profesionalmente, proteger sus derechos personales, su libertad para elegir o sus decisiones.

María Luisa Blázquez de la Hera, del Centro Internacional de Competitividad del IESE y colaboradora del proyecto, subraya que, si bien hay una correlación muy estrecha entre la medición de las necesidades básicas y el PIB per capita (cuanto más PIB, mejor cubiertas están), en el terreno de las oportunidades hay mucha más dispersión. “La riqueza no necesariamente se emplea en mejorar los derechos personales, la tolerancia, o en facilitar el acceso a la enseñanza superior”, señala. Con este análisis, resalta, han comenzado a bucear en un territorio inexplorado. “Este tipo de conceptos [por ejemplo, analizar la obesidad en una región o la tolerancia hacia los homosexuales] no se suelen incorporar y desde el ICC creímos que era una buena idea hacerlo, porque, recordemos, lo que no se mide, no existe”. El baremo utilizado en el estudio suma variables básicas —como acceso a la sanidad, alcantarillado, mortalidad infantil o calefacción en el hogar— junto a otras menos previsibles, como muertes por accidentes de tráfico, seguridad por la noche, confianza en el sistema político, penetración de la corrupción, acceso de la banda ancha en el hogar o contaminación del aire.

ÍNDICE DE GINI Y OCDE.

España sale mal parada en casi todos los estudios sobre la desigualdad. Uno de los últimos, de la OCDE, muestra cómo entre 2010 y 2014 los empleados españoles con los sueldos más bajos sufrieron el mayor recorte salarial de entre los 34 países que forman la organización, solo por detrás de Portugal. El índice de Gini, además, coloca al país en una de las peores posiciones de Europa.
Si el mundo fuera un país, obtendría 62 puntos en la escala marcada por el estudio (en un rango del 1 al 100). China, con niveles de progreso medios, e India, con registros bajos, influyen fuertemente en los resultados al combinar una población de 2.000 millones de personas. Rusia, Arabia Saudí y Venezuela, con ingresos relativamente altos, presentan bajos niveles de progreso social y, en Europa, las regiones nórdicas (Dinamarca, Finlandia, Islandia, Suecia y Noruega) confirman que su modelo funciona pese a sus históricos talones de Aquiles, como las elevadas tasas de suicidios.
Con 85 puntos, España figura en el puesto número 17 entre los Estados con un mejor resultado en el índice de 133 países analizados. La clasificación la encabezan Finlandia, Canadá —con su modelo multicultural— y Dinamarca; y la cierran la República Centroafricana, Afganistán y Chad. Pese a la buena posición global de España, acercando la lupa a las autonomías el estudio constata que a la hora de ofrecer mejores oportunidades a sus ciudadanos para progresar, ninguna de las 17 obtiene una mejor nota respecto a otras regiones del globo con niveles de riqueza similares. Un total de 11 presentan registros más bajos que la media. “Tenemos que conseguir, por ejemplo, mayores oportunidades de acceso a la enseñanza superior. Aunque tenemos muchas y buenas universidades, no es suficiente”, cree Blázquez.
Las oportunidades de los jóvenes españoles respecto a otros europeos son, de partida, inferiores. “España es un país que ofrece un sólido acceso a conocimientos básicos, aunque en alfabetización de sus adultos está en desventaja. Es un país con un buen sistema de salud y bienestar, pero con desventajas relativas en temas de tolerancia, por ejemplo, tolerancia religiosa”, apunta Blázquez. Susana Franco, investigadora de Orkestra, destaca que el país acarrea un gran déficit en educación por culpa de que gran parte de su fuerza laboral abandonó en su día la secundaria. “Otro de los indicadores que peores resultados ofrece tiene que ver con la poca confianza en las instituciones, en el sistema legal y político”, que enlaza con la sensación de hartazgo por los casos de corrupción.
Para conocer la realidad social de manera más precisa otros economistas ofrecen sus propias recetas. “No podemos basarnos en un solo indicador porque, por definición, son limitados, miden unas cosas y olvidan otras. Además, el crecimiento por sí solo no nos asegura el progreso social”, cree Raúl Flores, analista e investigador social de Cáritas. Habla de hasta cuatro referencias(índices Gini y 80/20, tasa Arope e informes de la OCDE) para aproximarse a la fotografía real, esa que puede explicar por qué una ola de extremismo hace que la ultraderecha esté tomando posiciones en países clave de Europa.

El poder es mío

Luis Molina, miembro de Economistas frente a la Crisis, recuerda en sus estudios publicados que, según el reparto del patrimonio, “el 1% de la población española posee el 27,2% de la riqueza conjunta”. Su diagnóstico sobre el futuro es muy sombrío. “Lo que está salvando la situación en España (como en Grecia, que registra una distribución de patrimonio muy parecida) es el hecho de que amplias capas de la población vienen compartiendo su modesto patrimonio familiar para paliar las consecuencias de las políticas de austeridad. Una solución de emergencia, porque comerse el patrimonio por carecer de rentas es pan para hoy y hambre para mañana”. Los recortes de derechos sociales y los desahucios corroboran, según él, el proceso de vaciamiento patrimonial de los que menos tienen. Y la reforma laboral vendría a dar la puntilla a un marco de relaciones laborales que permite “trabajar y seguir siendo pobre”, como lo demuestra el hecho de que casi seis millones de trabajadores ingresen el salario mínimo (o menos), sin “ensombrecer” las estadísticas.
En este punto se detiene la reflexión de otro economista, Luis Ayala, coordinador de dos informes sobre desigualdad (Los Libros de la Catarata, Fundación Alternativas, 2015). Ayala cree que los salarios bajos derivados del sistema productivo (centrado en la construcción y los servicios) hacen que estemos “peor que hace 15 o 20 años”. Es lo que Raúl Flores llama “la pérdida del espacio de seguridad”. Porque para muchas familias tener un trabajo ha dejado de ser una forma de satisfacer sus necesidades.
Pero ¿y si el problema no está en la desigualdad? El profesor de sociología de la Universidad Complutense Julio Carabaña desafía el aparentemente sólido consenso sobre el aumento de las diferencias sociales que trasladan economistas de Europa y EE UU, desde Thomas Piketty a Joseph Stiglitz o los investigadores de The Luxembourg Income Study (LIS), un centro apoyado por personas como Paul Krugman, Nobel de Economía. “La desigualdad social en el mundo está disminuyendo, lo dicen los datos. En España ha aumentado durante la crisis el equivalente a lo que disminuyó durante la época de bonanza”, cree Carabaña. “En la Europa de los 15 no ha aumentado en absoluto desde el año 1995, en el último ciclo económico, aunque sí lo ha hecho en EE UU”. ¿Por qué, según él, se exagera? “Porque hay un desplazamiento perverso de la atención, porque parece que el problema es que haya mucha gente rica, y no que haya pobres. Pero el aumento de las rentas en la parte alta de la tabla no es el problema”.

Alternativas

El índice del Social Progress Imperative y otros análisis económicos arrojan otra conclusión: hay margen para que los Gobiernos cambien las cosas porque es la política la que favorece o ataja esos desequilibrios. Francisco Beltrán pone como ejemplo las trayectorias de EE UU y Reino Unido, donde el porcentaje de riqueza en manos del 1% de la sociedad no ha dejado de crecer desde los años setenta (alcanza el 18% y 14%, respectivamente), frente al camino opuesto recorrido por países como Alemania o Dinamarca (que están por debajo del 10%). “Mientras la Europa continental ha logrado mantener relativamente controlada la desi­gualdad medida, los ricos en EE UU y Reino Unido han incrementado de forma sustancial la parte del pastel económico que acaba en sus manos”.
Bajo la globalización capitalista, piensa Luis Molina, es difícil actuar: “Cualquier síntoma de irracionalidad colectiva se produce porque el sistema responde a una razón económica minoritaria, y por cierto irracional: la acumulación patrimonialista sin límite en un entorno de desigualdad extrema y creciente”. Para enfrentarlo propone que la mayoría social recupere la capacidad de hacer que el poder político represente sus intereses. “Se pueden mejorar las desigualdades de renta, destinar transferencias donde más se necesitan, potenciar los servicios públicos, organizar mejor la carga de la fiscalidad, subir el salario mínimo, acabar con las puertas giratorias ...”. Otros economistas recetan más mecanismos de redistribución para corregir los fuertes déficits. “Tanto desde el punto de vista de impuestos como de prestaciones sociales. Gastamos menos que otros países con un PIB per capita más bajo”, recuerda Ayala.
“Tenemos que generar elementos propositivos, ir hacia adelante”, enfatiza Raúl Flores. “No podemos dejar que el ascensor social, ese que en los años de bonanza subía, no pare en las plantas más bajas”.

RADIOGRAFÍA DE LA FALTA DE OPORTUNIDADES

Yugoiztochen, la peor de la UE. Al sudeste de Bulgaria se encuentra Yugoiztochen, una región con poco más de un millón de habitantes, apenas 5.237 millones de PIB y una renta de 9.000 euros. Según el Social Progress Index, es la que menos oportunidades ofrece a los ciudadanos de toda la UE. Le sigue Severozapaden, en el mismo país, zona donde apenas hay universidades y que tiene la peor tasa de esperanza de vida.
La zona con más oportunidades. Rodeada por vastos paisajes, Övre Norrland, la región más septentrional de Suecia (forma parte de Sápmi, Laponia) encabeza el ránking regional de las zonas que ofrecen más oportunidades del continente. Más del 20% de su población tiene estudios superiores (las mujeres, en proporción, están mucho mejor formadas que los hombres). Es una gran exportadora de madera y minerales.
Madrid, la mejor situada de España. En el puesto número 92 entre 273 regiones del continente se sitúa Madrid dentro de la clasificación del índice que mide el progreso en Europa. A su favor, ofrece un buen acceso a servicios básicos y aceptables niveles de tolerancia. En su contra, la baja confianza de sus ciudadanos en el sistema político así como una alta percepción de la corrupción.
Londres, ¿una gran capital? Con un PIB per capita de 80.400 euros, el más alto de la UE, Londres ofrece, comparativamente con otras ciudades de su nivel, muy malos resultados en sanidad (mortalidad infantil y muertes antes de los 65 años altas), calidad del agua, sanidad básica y seguridad personal. También falla en aspectos como su alto número de jóvenes que ni estudian ni trabajan.
El débil corazón europeo. Bruselas es otro de esos ejemplos sorprendentes: ocupa el tercer puesto en la generación de riqueza pero queda relegada al 81 (de 272 regiones) en relación a lo que ofrece a sus ciudadanos. Un bajo nivel educativo, el alto coste de la vivienda (que comparte con Londres), una alta tasa de muertes por enfermedades cardíacas o una alta tasa de homicidios lastran su puntuación.
Poca potencia italiana. Cinco de las 10 regiones que menos oportunidades de desarrollo ofrecen a sus ciudadanos (en relación a su PIB) están en Italia. Se trata de Véneto, Liguria, Piamonte, el Valle de Aosta y Lombardía. Además, las regiones del sur del país registran las peores puntuaciones globales, entre otras cosas por la baja calidad de los servicios públicos y la escasa confianza en las instituciones.
Los grupos de la cabeza y la cola. Junto a la capital de España, las regiones más avanzadas del país son el País Vasco, Navarra, Cantabria y Castilla y León. El informe sitúa en la cola, por este orden, a Melilla, Ceuta, Andalucía, Baleares y Castilla La Mancha. Los autores del estudio destacan el gran desequilibrio que existe entre las autonomías españolas, mayor que el que se detecta en países de tamaños similares.
Educación. Baleares presenta la tasa de inscripción en educación secundaria más baja del país, seguida de Melilla, Ceuta y Canarias. En cambio, Ceuta, Extremadura y Andalucía son las tres regiones donde el abandono temprano de la escuela es mayor. Extremadura, Baleares y Castilla La Mancha tienen las peores puntuaciones en acceso a la educación superior. En el lado opuesto están País Vasco, Madrid y Navarra.
Sanidad. España sale muy bien parada en los parámetros que miden la salud y el bienestar, así como en el acceso a cuidados sanitarios básicos y nutrición. Y eso pese a que el presupuesto para sostener hospitales y centros de salud ha caído un 14% durante la crisis (más de 10.000 millones). Sin embargo, los indicadores de opinión de los ciudadanos y las listas de espera anticipan que esa situación puede terminar por revertirse.
Corrupción.La corrupción es un grave problema en un buen número de regiones de Italia, Bulgaria, Rumanía o Grecia. España se encuentra en posiciones intermedias en la tabla. La clasificación tiene en el lado opuesto la limpieza de los países nórdicos. En España a principios de este año había un millar de políticos con causas judiciales pendientes. Un 95% de ciudadanos están convencidos de que el sistema favorece la impunidad.
La pobreza de los salarios. Según un estudio de UGT, un total de 5,9 millones de personas, es decir, el 35% de los asalariados, cobra menos del Salario Mínimo Interprofesional (SMI), fijado en 655,20 euros para 2016. A eso se añade, según datos del INE, que en la última década los trabajadores con ingresos bajos, (en especial los trabajadores a tiempo parcial), han perdido un 11,4% de salario.
Jóvenes con la vida difícil. Solo el 20% de la población joven (entre 16 y 29 años) ha conseguido emanciparse de sus padres, según los datos del Consejo de Juventud español. El 92,5% de las contrataciones realizadas a personas menores de 30 años son de carácter temporal y la tasa de paro en ese colectivo se eleva al 34,4%. Un panorama desolador que marcará el futuro económico del país.

La carta perdida de Dachau. 4º ESO

EL PAÍS MUNDO GLOBAL
María Antonia Sánchez-Vallejo

La misiva que un interno griego en el campo de concentración nazi envió en 1945 a su madre aparece 71 años después en Creta.

Prisioneros de Dachau muestran su alegría por la liberación del campo por las tropas aliadas./ GAMMA

Las obras de reforma de un viejo local familiar han sacado a la luz en Chaniá, preciosa ciudad al oeste de la isla de Creta, una carta escrita en 1945 por un griego interno en el campo de concentración de Dachau (Alemania). Una misiva que ha tardado 71 años en llegar a su destino, y que aún interroga a los fantasmas que deberían recibirla. Porque los descubridores del documento, la abogada Stella Batakis y su hermano Diomidis, buscan afanosamente a los destinatarios de la misma, o a sus descendientes, para cerrar este círculo de memoria y olvido.
En 1945 Stylianós Valmás malvivía en el barracón 58 del campo de concentración de Dachau. No era el único griego del campo, así que aprovechó la liberación y el regreso a Grecia de su compatriota Yanis Batakis —abuelo de Stella y Diomidis— para entregarle una carta manuscrita dirigida a su madre. Por razones que se desconocen, el mensaje nunca llegó a manos de la mujer, ni de sus parientes más próximos, y permaneció oculto durante siete décadas en medio de una maraña de papeles, libros y documentos, algunos de ellos datados en 1800. Hasta que la remodelación de la vetusta oficina del abuelo, abogado, exhumó ese viejo hálito de vida.
Compelidos moral y emocionalmente a poner punto final a la historia, y sin publicar en ningún momento el contenido de la carta (es una comunicación privada, subrayan), los hermanos Batakis hicieron recientemente un llamamiento para hallar a los posibles descendientes de Valmás, que cuando escribió la misiva llevaba tres años en Dachau, y cuyo destino final nunca se supo. Puede que todo ese tiempo sin noticias hiciera creer a su familia que había muerto (“tenía esposa y una hija, Rita, así como hermanas, una de ellas llamada Emilitsa”, señala el mensaje de los Batakis para acotar la búsqueda, citando algún detalle del manuscrito), puede que Yanis Batakis no hallara a ningún pariente de Valmás a su regreso a Grecia (un país atrozmente sumido en la miseria y el hambre tras la ocupación nazi y la posterior guerra civil). Pero si existe algún epígono de Valmás, subrayan los hermanos en su llamamiento, “algún nieto, tendría hoy entre 35 y 50 años (...) porque al regresar a Grecia nuestro abuelo tenía entre 25 y 27 años”.
Los hermanos Batakis no cejan en su empeño de localizar a algún descendiente de Stylianós Valmás. En su mensaje, difundido por el portal de noticias ZarpaNews, añaden un mapa de Grecia con una decena larga de lugares donde la guía telefónica refiere la presencia del apellido Valmás, muy frecuente, sobre todo, en dos hermosas islas de las Cícladas y en la región de Beocia. “Agradecemos mucho [la ayuda] y esperamos poder presenciar el mágico momento de la entrega y la recepción de la carta” a los hipotéticos descendientes del preso de Dachau, concluyen Stella y Diomidis Batakis.
Posdata: El campo de Dachau, situado cerca de Múnich, fue liberado por las tropas aliadas el 29 de abril de 1945. Albergó a 200.000 prisioneros, judíos y otros (gitanos, homosexuales, testigos de Jehová...) y, según cifras aproximadas, vio morir (o mejor dicho, mató) a más de 41.000 según los registros del propio campo, a los que hay que añadir una cifra indeterminada de víctimas del frío, el hambre o las enfermedades.
Grecia, que sufrió la ocupación del Ejército nazi entre 1941 y 1944, conmemora solemnemente cada año la memoria de horror del Holocausto y, aunque entre la derecha más extrema del país no faltan algunas voces claramente antisemitas —incluidos sonoros patinazos en ese sentido del actual ministro de Defensa y líder de ANEL—, recuerda solemne y oficialmente que el 90% de la población judía sefardí de Salónica, segunda ciudad del país, fue enviada a los campos de concentración y exterminio y masacrada en ellos. Cada año una discreta ceremonia en las vías de la estación de tren de la que partieron los vagones rumbo al exterminio recuerda con un manojo de rosas su ausencia.