miércoles, 4 de marzo de 2020

Los secretos que permitieron a los mamelucos aplastar a los invencibles caballeros cruzados. 2º ESO

ABC HISTORIA
Manuel P. Villatoro

- Thomas Asbridge, un erudito en el medievo, ofrece la visión más completa de las cruzadas en su nuevo libro.

- «Los cristianos invirtieron todos sus recursos y sus fuerzas en los castillos. Los mamelucos, en las tropas y los soldados», afirma a ABC.




El currículum del doctor en historia Thomas Asbridge es casi insultante. A pesar de que apenas suma medio siglo de vida ya puede presumir de haberse convertido en un erudito de la Edad Media. En 2004, sin embargo, decidió centrarse en un punto muy concreto, y a la vez extensísimo, del pasado: las cruzadas. Los combates que, a lo largo de tres siglos (desde el año 1095 hasta 1291), enfrentaron a cristianos y musulmanes por la conquista de Tierra Santa. Tres obras, una serie de televisión y haber sido asesor en la famosa película «El reino de los cielos» le avalan.
Por ello, y según explica en declaraciones a ABC, escribir su último libro ( «Las cruzadas» -Ático de los libros, 2019-, que presenta estos días en Madrid) le planteó un gran reto: aportar algo nuevo sobre un tema del que ya ha escrito miles de páginas. Lo ha logrado. A golpe de fuentes primarias y apartadas ha hilado un texto en el que, de forma magna, explica el devenir de cristianos y musulmanes. Desde el comienzo de las hostilidades, hasta el momento en que los mamelucos (con su tecnología militar puntera y sus avances en estrategia) terminaron con los caballeros más letales de su época.
1-¿Son las cruzadas una historia de buenos y malos?
Es una pregunta complicada. Quiero pensar que he sido muy objetivo a la hora de presentar los acontecimientos. Al menos, lo máximo que he podido. Pero no puedo engañarme... he crecido en la cultura europea y sé que, aunque lo haya intentado, no habré sido cien por cien objetivo. Lo primordial es que no he buscado dar lecciones morales (evito definir las cruzadas como un ataque de unos y defensa de otros, por ejemplo) porque muchos temas están abiertos todavía a debate y es difícil llegar a una verdad absoluta.
Tampoco he querido mostrar a un bando como vencedor total y al otro como un perpetrador de barbaridades, sino que he buscado mostrar una pluralidad de perspectivas. Todo el mundo sabe que, como mínimo, hay dos: la de los cristianos y la de los musulmanes. Pero existían muchas más; la de los griegos, la de los armenios, los judíos... Además, las cruzadas abarcaron tres siglos (mucho tiempo) y aquellos que participaron en ellas evolucionaron durante el conflicto.
2-El libro cuenta con una estructura curiosa...
Sí. La obra cuenta con dos partes. La primera está escrita desde la perspectiva cristiana. Con la segunda -elaborada desde el punto de vista musulmán- quería descolocar al lector. Para ser sincero, quería incomodarle, que no supiera dónde estaba y cómo había llegado allí. Ambas están entrelazadas, no obstante, con las historias de Saladino y Ricardo Corazón de León, que se narran desde los ojos de ambos bandos.
3-¿Fue la fe un arma enarbolada por ambos bandos?
Ambos bandos actuaron de la misma forma y se valieron de la fe cuando más les convenía. El ejemplo claro es el de Saladino, que usó la religión para motivar a sus hombres cuando marchó sobre Jerusalén. Después de la caída de esta ciudad, en 1187, todo cambió; la mayoría de lugares sagrados y santos estaban derruidos, no quedaba nada de ellos... Eso hizo que la explotación de la fe en su propio beneficio decayera. En todo caso, durante esos tres siglos fue un arma que se esgrimió (o se obvió) dependiendo de los intereses de uno u otro bando en un momento concreto.
El ser humano, al menos en sociedades como la inglesa y la española, suele diferenciar mucho entre el “nosotros” y el “vosotros”. Es lo que pasó en las cruzadas. Había dos sociedades que veían a la otra como su antagonista y entendían que, si eran atacados, debían responder. Usaban esas diferencias para movilizar a la población y, entre ellas, se encontraba la fe.
4-En su obra afirma que las cruzadas trajeron graves repercusiones para cristianos y musulmanes. ¿Cuáles fueron?
En un sentido material, desde el punto de vista histórico, tuvieron unas repercusiones evidentes. Las cruzadas cambiaron el curso de la historia. Un ejemplo es que, en los dos siglos siguientes, se crearon en Levante Mediterráneo multitud de poblaciones de cristianos cruzados que tuvieron un impacto directo en el comercio. En un sentido más negativo, en Occidente han forjado la idea de que tenemos una identidad propia, una identidad singular que se contrapone a la musulmana. Esa idea casi despectiva del “otro”, en definitiva. Y en el bando musulmán ha ocurrido lo mismo.
«En la Península, la Iglesia promocionó la guerra santa a través de la fe y de las recompensas espirituales»
5-El mito nos muestra a los cruzados como retrógrados que destruyeron la avanzada sociedad musulmana. ¿Es real esta visión?
Si pensamos, por ejemplo, en el año 1095, cuando empieza la primera cruzada, puede que fuera de alguna forma así. Si retrocedemos un siglo y medio, el conocimiento del pueblo musulmán estaba floreciendo en ciudades como Bagdag y en regiones como Al Ándalus. Pero después, en los siglos XI, XII y XIII, Europa empezó a evolucionar también gracias al redescubrimiento de obras que habían estado ocultas y glosas que no se habían traducido. Este conocimiento produjo un gran avance en España o Sicilia, al norte de Italia. Por ello creo que no es justo decir que los musulmanes siempre estuvieron más avanzados. Lo más adecuado sería incidir en que centraron en unas ramas del conocimiento diferentes a las de los europeos. Durante los 300 años que se desarrollaron las cruzadas ambos bandos florecieron, cambiaron... Y eso es algo muy difícil de resumir en un libro de estas características.
6-¿Cuál fue la relación de la Península Ibérica con las cruzadas?
En la Península, la Iglesia promocionó la guerra santa a través de la fe y de las recompensas espirituales. Es cierto que el papado supo utilizar esta herramienta en su favor aquí, pero también lo es que hizo lo propio en toda Europa. Al final, la realidad es que la relación que tuvo la Península Ibérica con las cruzadas fue prácticamente accidental. Hubo, sin embargo, muchos caballeros y personajes nobles que se sintieron inmediatamente atraídos por ellas. El principal fue Alfonso I “el Batallador”, que dio territorios a todos aquellos dispuestos a combatir por la fe.
Representación de Saladino
Representación de Saladino
7-En las cruzadas chocaron también dos formas diferentes de combatir...
En este sentido sí eran dos mundos diferentes. Es asombroso ver que, cuando se enfrentaron por primera vez, ambos bandos intentaron aprender del otro. Los musulmanes se toparon con unos jinetes de gruesa armadura y los cristianos, por ejemplo, con una forma de combatir que se basaba en la rapidez, en disparar flechas de forma constante y en la falsa retirada.
8-¿Falsa retirada?
Sí. Los cristianos ya habían utilizado esta estrategia, pero los turcos la tenían perfeccionada. Consistía en avanzar, disparar contra el enemigo, retirarse y volver a atacar igual. Su mayor velocidad hacía que no les pudiesen atrapar. Los jinetes y la infantería se combinaban a la perfección. Y eran, además, muchos más. Los cruzados tuvieron que descubrir cómo contrarrestarla. En este sentido, estos tres siglos fueron de un aprendizaje constante.
9-¿Cómo cambió la tecnología militar en estos trescientos años?
Los conocimientos sobre los asedios avanzaron mucho. Los musulmanes querían conseguir que los sitios de los castillos cristianos fueran más eficaces y aprendieron cómo hacerlo en estos tres siglos. Aunque la tecnología militar, en general, cambió muchísimo de la primera a la última cruzada. En la primera, los soldados iban equipados con cotas de malla que les llegaban hasta los antebrazos y las rodillas; en la última, con armaduras completas. Ejemplo de ello es que Ricardo Corazón de León utilizó una coraza de cuerpo entero y un casco revolucionario que, según las crónicas, no se había visto hasta entonces. Ambas fuentes coinciden en que los soldados que iban equipados así eran indestructibles. Los llamaban erizos porque las flechas se quedaban clavadas en la armadura y no les hacían nada. Pero, al final, había otras formas de acabar con ellos.
Saladino acepta la rendición de Jerusalén
Saladino acepta la rendición de Jerusalén
10-¿Hubo alguna evolución que resultara determinante en el devenir de las cruzadas?
Los mamelucos los que llevaron a cabo una verdadera revolución. Su tecnología militar era asombrosa. Inventaron, por ejemplo, el Trebuchet, muy eficaz en los asedios. Además, lograron transportarlo de una forma muy eficiente. Dividían el arma en partes más pequeñas que luego montaban frente a los castillos. Sus avances no tuvieron parangón en el mundo. Eran algo totalmente nuevo. Una fuerza imparable.
Los cruzados invirtieron todos sus recursos y sus fuerzas en los castillos. Los mamelucos, en las tropas y los soldados. Se esforzaron en entrenar muy bien a sus tropas y en enseñar a sus hombres a combatir como una sola unidad, algo que era muy difícil. Pero lo consiguieron. Esto no se había visto hasta ahora. El tener un ejército de soldados adoctrinado en el Islam que luchaba como un solo hombre marcó la diferencia.
11-¿Se ha mitificado, por el contrario, el papel de algunas órdenes militares como la de los Templarios?
En las cruzadas hay muchas áreas de mistificación e incluso de manipulación. Tenía pensado que mi siguiente libro fuera sobre la orden del Temple y sobre las apropiaciones modernas que hacemos de ellos en la actualidad. Aunque al final no será ese el tema (voy a cambiar a la Peste Negra para diversificar y plantearme nuevos retos), me parece un tema muy interesante. Me fascina el periodo en la que desapareció y el misterio que despierta en las personas. No obstante, al menos en este período, los Templarios jugaron un papel primordial en las cruzadas y ayudaron a que los estados sobrevivieran. Sin ellos no lo hubieran podido hacer. Trajeron soldados, profesionalidad y dinero. Cosas que no había entonces.
«Los templarios llevaron soldados, profesionalidad y dinero a Tierra Santa»
12-En su obra, afirma que cristianos y musulmanes se influyeron mutuamente de forma positiva.
En las cruzadas hay muchas realidades que todavía están por descubrir. Desde luego hubo muchas batallas, mucha sangre y mucha brutalidad por parte de ambos bandos. Pero, a nivel personal, lo que me interesaba era investigar la naturaleza humana, cómo somos capaces de llegar hasta estos extremos de brutalidad y violencia y qué ocurre cuando se ponen frente a frente personas de culturas tan diferentes. Qué sucede cuando están juntos.
Hubo un choque de civilizaciones, sí, pero eso provocó un intercambio cultural y científico constante. En el 1108, una década después de la toma de Jerusalén, los cristianos pelearon para ayudar al gobierno de Alepo. También hay constancia de muchos momentos en los que mantuvieron buenas relaciones. La cuestión es que deberíamos preguntarnos si la relación entre cristianos y musulmanes no era parecida a la que tenían Francia e Inglaterra en esas mismas épocas.
13-¿Son las cruzadas el germen del terrorismo islámico actual?
Es una cuestión a la he respondido con mucho cuidado en el libro. En términos reales no creo que haya ninguna conexión entre la conquista de Jerusalén y los acontecimientos actuales. La idea de que las cruzadas extendieron un fuego que se ha ido avivando hasta la actualidad, al menos para mi, es una ilusión, no existe. A partir de 1291, tras la caída de Acre, las cruzadas eran historia. Los musulmanes habían ganado y no consideraban lo sucedido una herida abierta. Para ellos era un capítulo cerrado.
Pero en los siguientes dos siglos se ha ido recuperando la idea de las cruzadas como algo glorioso. Las grandes potencias implicadas se han apropiado de esta historia de forma peligrosa. Les ha ayudado a formar su identidad cultural. El punto álgido fue la creación del Estado de Israel. A partir de ese momento volvieron a resurgir en el imaginario y se esgrimieron para avivar el odio entre las diferentes poblaciones. Lo que está claro es que no llevamos arrastrando ese odio desde el siglo XIII.

La reunión secreta en la que Stalin, Truman y Churchill discutieron sobre cómo destruir a Franco tras la IIGM. 4º ESO

ABC HISTORIA
Israel Viana 

Durante aquella conversación los tres líderes discutieron sobre la conveniencia de una acción directa y del peligro de provocar una nueva guerra civil en España.


Franco (izquierda), junto a una imagen de Stalin, Truman y Churchill (de dcha. a izda.), durante la Conferencia de Potsdam en 1945.


«¿Que no habrá cambios en España?». La pregunta la hizo Stalin, completamente indignado, el 19 de julio de 1945. En la misma habitación se encontraban el primer ministro británico, Winston Churchill, y el presidente de Estados Unidos, Harry Truman. Era la tercera reunión que mantenían los líderes de las tres principales potencias del mundo en la famosa Conferencia de Potsdam, cerca de Berlín, con el objetivo de establecer las condiciones de la paz que debían regir Europa tras su victoria en la Segunda Guerra Mundial.
Los líderes de estos países ( Roosevelt, hasta su muerte en abril de 1945, en vez de Truman) ya habían celebrado varias reuniones con anterioridad en las que decidieron cómo quedarían repartidas sus áreas de influencia al finalizar la guerra y que fueron el preámbulo de la Guerra Fría. Hablamos de las Conferencias de Teherán (1942) y Yalta (1945), además de un tercer encuentro en medio de ambas entre Stalin y Churchill, únicamente. Y cuando llegaron a Potsdam en agosto de 1945, lo que hicieron estas potencias vencedoras fue decidir el destino de la humanidad para el futuro más inmediato.
Entre todos los puntos a tratar había uno que preocupaba especialmente a Stalin, que a esas alturas de la historia ya era responsable de la muerte de más de diez millones de campesinos ucranianos entre 1928 y 1933. Un asunto que también inquietaba a Churchill y Truman: Franco y el régimen que había impuesto en España tras la Guerra Civil. «¿No habrá cambios en España?», inquiría el líder comunista en aquella reunión del 19 de agosto de 1945, tras sacar el tema a colación: «Es necesario examinar la cuestión del régimen de España. Nosotros los rusos consideramos que el presente régimen de Franco en España fue impuesto por Alemania e Italia y que entraña un grave peligro para las naciones unidas amantes de la libertad. Opinamos que será bueno crear las condiciones para que el pueblo español pueda establecer el régimen que elija».

«Ninguna simpatía hacia Franco»

Efectivamente, tras la derrota de la Alemania nazi y la Italia fascista, la hostilidad de los aliados se dirigió contra Franco, al que no perdonaban el apoyó que había recibido de Hitler y Mussolini en la Guerra Civil. En esa misma reunión, Truman también aseguró «no tener ninguna simpatía hacia el régimen de Franco» y que los estadounidenses «nos alegraríamos mucho de reconocer otro gobierno en España». A los tres líderes de Potsdam no parecía importarles que el dictador español se hubiera declarado neutral en la guerra ni que le hubiera negado su ayuda al «Führer» en aquel famoso encuentro de Hendaya en el que Hitler dijo: «Antes que volver a pasar por eso, prefiero que me saquen tres o cuatro muelas».
La posición de los aliados con respecto a Franco se hizo más dura y decidida en 1945, pues tomaban al régimen español como el representante superviviente del fascismo al que acaban de vencer. Tampoco tuvieron éxito los intentos del Caudillo por establecer una alianza con Gran Bretaña para defender los intereses de Europa frente a la URSS y Estados Unidos. Lo hizo mediante dos cartas a Churchill. Una el 8 de octubre de 1944 y otra el 25 de febrero de 1945, pero en ambas encontró una respuesta negativa.
En la discusión del 19 de julio de ese año en Potsdam, «Los Tres» –como se conocía a los mandatarios de la URSS, Estados Unidos y Gran Bretaña– tenían como objetivo el cambio de Gobierno en España. Estaban de acuerdo en que había que acabar con Franco, pero no en cómo hacerlo. Stalin veía al régimen franquista como una amenaza para la paz mundial y para las Naciones Unidas, por lo que creía que había que actuar cuanto antes y de manera contundente. Churchill y Truman, sin embargo, estaban en contra de una intervención directa. Ambos tenían miedo de provocar una nueva guerra civil de la que pudiera resultar un Gobierno comunista en España.

La conversación

Según documentos desclasificados por el Departamento de Estado de Estados Unidos hace unos años, esta fue la conversación entre los tres líderes en la que discutieron y discreparon sobre la forma en que debían acabar con Franco y su régimen:
Stalin: Es necesario examinar la cuestión del régimen de España. Nosotros los rusos consideramos que el presente régimen de Franco en España fue impuesto por Alemania e Italia y que entraña grave peligro para las naciones unidas amantes de la libertad. Opinamos que será bueno crear condiciones tales que el pueblo español pueda establecer el régimen que elija.
Churchill: Estamos debatiendo aún las cuestiones que vamos a incluir en la agenda. Convengo que la cuestión de España debería ser incluída en ella.
Truman: ¿Quiere el generalísimo [Stalin] hablar sobre la cuestión?
Stalin: Se han distribuido copias de la propuesta. No tengo nada más que añadir a lo que en ella se expresa.
Churchill: Señor presidente [de Estados Unidos, Harry Truman], el Gobierno británico está también fuertemente disgustado con Franco y su Gobierno [...]. El hecho de que hayan sacado a los prisioneros que han estado en prisión durante años y les hayan disparado por lo que había ocurrido mucho tiempo antes indica que España no es una democracia de acuerdo con las ideas británicas sobre este tema. Cuando Franco me envió una carta proponiéndome hacer una alianza de Occidente contra Rusia, le envié una respuesta fría. Eso demuestra que los sentimientos de Gran Bretaña son contrarios al régimen de Franco.
Stalin: Yo no he recibido ninguna copia de la respuesta británica a Franco.
Churchill: Veo alguna dificultad en adoptar el borrador propuesto por el generalísimo en su primer párrafo, el que trata de la ruptura de toda relación con el Gobierno de Franco, que es el Gobierno de España. Creo que, considerando que los españoles son orgullosos y quisquillosos, semejante medida causaría el efecto de unir a los españoles en torno de Franco, incluso los que ahora reniegan de él, en vez de apartarlos de él [...]. El resultado sería un fortalecimiento de la posición de Franco. Y él tiene un ejército, aunque este no sea muy bueno. Si con esta acción que propone él resulta fortalecido, sería necesario considerar si tendríamos que intervenir por la fuerza. Y yo estoy en contra de usar la fuerza. En contra de interferir en los países que tienen diferentes regímenes que el nuestro, a menos que seamos molestados por ellos. Por lo que toca a los países que han sido liberados en el curso de la guerra, no podemos permitir que se establezca en ellos un régimen fascista, pero aquí tenemos un país que no tomó parte en la guerra. Por eso es por lo que soy contrario a interferir en sus asuntos internos. El gobierno de Su Majestad [Gran Bretaña] necesitará debatir muy detenidamente esta cuestión antes de decidir romper relaciones con España. Estoy preparado a tomar cualquier medida que sea necesario dentro de la diplomacia para acelerar la salida de Franco del poder.
Truman: No siento ninguna simpatía hacia el régimen de Franco, pero no deseo tomar parte en una guerra civil española. Ya ha sido más que suficiente con la guerra en Europa. Nos alegraríamos mucho de reconocer otro gobierno en España en vez del Gobierno de Franco, pero pienso que es una cuestión que ha de resolver la propia España.
Stalin: ¿Es decir que no habrá cambios en España? España está ganando fuerza ya. Se está alimentando de regímenes semi-fascistas de otros países. Esto no es un tema interno. El régimen de Franco fue impuesto a los españoles por Hitler Mussolini, cuyos regímenes a su vez estaban en proceso de destrucción. Me creo que no sintáis ningún tipo de afecto por Franco, pero esto tiene que ser demostrado con hechos. No estoy proponiendo ninguna intervención militar, ni que desencadenemos una guerra civil que se podría perder. Solamente deseo que el pueblo español sepa que nosotros, los dirigentes de la Europa democrática, adoptamos una actitud negativa con respecto al régimen de Franco. A menos que lo declaremos así, el pueblo español tendrá motivo para pensar que no somos contrarios a dicho régimen. Podrán decir que, dado que hemos dejado en paz al régimen de Franco, esto significa que lo apoyamos. La gente entenderá que lo hemos aprobado o que le hemos dado nuestra bendición tácita. Esto constituye un grave cargo contra nosotros. No me agrada estar entre los acusados.
Churchill: La URSS ya no tiene relaciones diplomáticas con el Gobierno español, así que nadie podrá acusarle de lo que está diciendo ahora.
Stalin: Pero lo que sí tengo es el derecho y la posibilidad de plantear la cuestión y resolverla. ¿por qué tendría que estar callado? Todo el mundo cree que las tres grandes potencias pueden resolver estas cuestiones. Y yo represente a una de estas, como el señor Churchill. ¿Debemos mantenernos en silencio ante lo que está pasando en España con el régimen de Franco y abstenernos de llevar a cabo una acción contra España, si tenemos en cuenta que ha recibido el apoyo del fascismo? No deberíamos mirar al suelo ante el peligro que representa la España de Franco.
Churchill: Nosotros tenemos antiguas relaciones comerciales con España. Si nuestra intervención no diera los frutos deseados, yo no querría que este comercio se detuviera. Por otra parte, comprendo totalmente la actitud adoptada por Stalin contra España. Franco envió a su División Azul a Rusia [para luchar junto a los alemanes contra la URSS], por lo que entiendo que esté molesto [...]. Pero en lo que respecta a Gran Bretaña, España se abstuvo de realizar ninguna acción contra nosotros en una época en la que si lo hubiera hecho podría habernos provocado un desastre [...]. Nadie duda de que el generalísimo Stalin no siente ningún afecto por Franco y creo que la mayoría de los británicos comparte esa antipatía. Yo únicamente deseo subrayar que la URSS ha sido dañada por Franco como ningún otro país.
Stalin: No es una cuestión de perjuicios. Aún así, creo que Inglaterra también ha sido perjudicada por el régimen de Franco. Durante mucho tiempo, España puso su costa a disposición de Hitler para que la usasen sus submarinos. Puede usted decir, por tanto, que ha sufrido daños causados por Franco de una forma u otra. Pero no deseo que este asunto se valore desde ese punto de vista. Lo que importa no es la División Azul, sino el hecho de que el régimen de Franco es una amenaza grave para Europa. Esto debe ser recordado. Por eso creo que algunas decisiones deben ser tomadas, incluso si eso significa que se rompan las relaciones diplomáticas y se crea que eso es un daño severo. Creo que debemos hacer algo contra ese régimen. Podemos encontrar otros medios. Solo tenemos que decir que no simpatizamos con el régimen de Franco y que consideramos justa la exigencia de democracia por parte del pueblo español. Solo tenemos que indicarlo y no quedará nada del régimen de Franco, se lo aseguro. Propongo que los ministros de Asuntos Exteriores debatan si puede encontrarse otra forma más suave o flexible para hacer patente que las grandes potencias no apoyan a Franco y su Gobierno.
Truman: Me parece bien. Propongo pasar el asunto a los ministros.
Churchill: Debo oponerme a esto. Creo que este es un asunto que debe ser resuelto en esta reunión por los líderes de los gobiernos. Interferir en los asuntos internos de otros países es una cuestión peligrosa.
Stalin: No lo considero un asunto interno de España, puesto que su régimen se creó desde el exterior y es un peligro para Europa.
Churchill: Todo el mundo puede decir esto del régimen de cualquier otro país.
Stalin: No, no hay ningún régimen en ningún país como el de España. No queda régimen como ese en país alguno de Europa.
Churchill: Portugal también podría ser condenado por tener un régimen dictatorial.
Stalin: No es la dictadura lo que importa. El régimen de Portugal es el resultados de un proceso interno, mientras que el régimen de Franco fue instaurado desde el exterior, por medio de la intervención de Hitler. Franco se comporta de manera provocadora y da asilo a nazis.
Churchill: […] En la Guerra Civil española hubo una intervención por ambas partes. La URSS intervino en un bando y Hitler y Mussolini, en otro. Pero, además, eso fue hace ya mucho tiempo. Creo que las acciones que tomáramos en esta reunión con respecto a ese problema serviría más para consolidar a Franco en su cargo. Y el Gobierno británico no va a apoyar ni lo más mínimo a su régimen más allá de ese comercio.
Truman: Propongo que sean los ministros de Asuntos Exteriores quienes debatan si se puede encontrar otra forma más suave de llegar a un acuerdo en este asunto.
Stalin: Creo que este tema debemos resolverlo aquí. Propongo hacer una evaluación del régimen de Franco , incluyendo las observaciones hechas por el señor Churchill sobre el posible desarrollo de los acontecimientos en España. La situación del régimen de Franco debería ser uno de los puntos en la declaración que hagamos a Europa. Debería ser una declaración breve en la que dejáramos claro que nuestras simpatías son con el pueblo español y no con su régimen. Y sugiero dejar la forma en que debemos realizar esta declaración a los ministros. de Asuntos Exteriores.
Churchill: No estoy de acuerdo con esta declaración [...]. Hay muchos cosas que no nos gustan de otros países como Yugoslavia o Rumanía [...]. Si hacemos esta declaración, yo no qué opinan realmente los españoles [sobre su régimen]. Hay muchas sombras en la opinión de los españoles. Creo que a la mayoría de ellos les gustaría deshacerse de Franco sin la interferencia de extraños.
Truman: Sugiero que pasemos a otro tema y volveremos al punto de España más tarde.

Tras Potsdam

En el comunicado posterior a las reuniones de la Conferencia de Potsdam publicado el 2 de agosto de 1945, Truman, Churchill y Stalin declararon finalmente: «Nuestros tres Gobiernos creen que es su deber señalar que no darán, en lo que les concierne, su apoyo a una solicitud de admisión que sea presentada por el actual Gobierno español, el cual, habiendo sido establecido con el apoyo de las potencias del Eje, no posee, en razón de sus orígenes, de su naturaleza, de sus antecedentes y de su estrecha asociación con los Estados agresores, los títulos necesarios para justificar su entrada».
El 5 de agosto, el Gobierno español contestó a ese comunicado con una nota de protesta enviada por el ministro de Asuntos Exteriores franquista, Alberto Martín-Artajo: «Ante la insólita alusión a España que se contiene en el comunicado de la Conferencia de los Tres en Potsdam, el Estado español rechaza, por arbitrarios e injustos, aquellos conceptos que le afectan y los considera consecuencia del falso clima creado por las campañas calumniadoras de los rojos expatriados y sus afines en el extranjero».
Stalin murió en 1953 y Churchill, que dejó de ser primer ministro británico en su segundo mandato en 1955, nunca volvió a establecer relaciones con España. Por su parte, Estados Unidos también las rompió poco después, y su presidente no perdió su oportunidad de declarar públicamente en varias ocasiones que « nunca había sentido mucha simpatía hacia España». Mientras, sin embargo, negociaba en secreto con Franco la implantación de bases militares en la Península y le concedía al régimen ayudas económicas millonarias.

Aprender a enseñar el Holocausto. 4º ESO

EL MUNDO INTERNACIONAL
HISTORIA
Sal Emergui

Decenas de profesores españoles trasladarán ahora a sus aulas las clases sobre el genocidio judío que han recibido este verano en el Museo Yad Vashem.

Llegada de judíos húngaros en en tren de deportación al campo de concentración de Auschwitz, en Polonia en 1942. E. M.


Aprender a enseñar no es fácil. Y menos si la materia es el asesinato de millones de personas por un régimen que convirtió a una de las sociedades más cultas en un monstruo. En el Museo Yad Vashem asumen el reto pero destacan que es una lección imprescindible. Para recordar el pasado y asegurar el futuro.
"En el curso nos han explicado la complejidad de aquel tiempo y el contexto histórico. Aprendes cómo enseñar historias humanas de judíos durante el Holocausto, y que nadie puede decir que mañana no seamos nosotros las víctimas. En cualquier momento y cualquier parte del mundo puede volver a repetirse", explica la profesora de Filosofía Rebeca García Martín, que trasladará lo aprendido este verano en Jerusalén a su aula del IES Villablanca en Madrid.

Junto a otros 23 docentes españoles, García acudió este verano al Museo del Holocausto para convertirse en alumna y recibir instrumentos para comprender los orígenes y consecuencias de la Shoah con el objetivo de lograr transmitir los testimonios y sensaciones del genocidio judío a manos de nazis.
De izquierda a derecha: Rebeca García Martín, Paloma Martín García y Miguel Ángel de la Fuente Frechoso.
Convocados por el Centro Sefarad-Israel, que inició este proyecto con Yad Vashem en 2007, los profesores españoles -de disciplinas tan variadas como Filosofía, Historia, Biología o Psicología- impartirán ahora una vieja asignatura pendiente en España. García recalca a EL MUNDO "el gran esfuerzo que se hace en los centros españoles para dar a conocer esta complejidad histórica. Hasta hace no muchos años formaba parte de la asignatura de Historia. Este curso te proporciona una visión más transversal, ya que se puede tratar desde cualquier asignatura". Asimismo, recuerda el testimonio de un superviviente del Holocausto hace un año en Madrid como "una de las mejores experiencias que tuve con chavales en clase".
"Ahora me doy cuenta de que no sabía nada en comparación con lo que me llevo de aquí", admite Miguel Ángel de la Fuente Frechoso, que dirige el departamento de Historia y Geografía del Instituto de Educación Secundaria Grupo Cántico de Córdoba. "Lo que hemos aprendido se puede aplicar de forma inmediata ahora en septiembre".
Paloma Martín García escucha atentamente a sus dos compañeros de viaje y clase. "Como alumnos hemos visto una cantidad ingente de recursos estructurados, imágenes, grabaciones, poesía...", afirma esta maestra de Biología y Geología.
Bajo el paraguas formado por historiadores, pedagogos y supervivientes de la Shoah, la Escuela Internacional para el Estudio del Holocausto fue creada en los 90. La jefa del equipo educativo de habla hispana y portuguesa, Eliana Rapp, cuenta que más de 2.500 personas han pasado por sus cursos en la última década. Entre ellos más de 500 españoles.
"Les damos herramientas pedagógicas y metodológicas sobre cómo enseñar un tema tan complejo como éste. Muchas veces los docentes no saben cómo afrontarlo y qué técnicas usar para enseñar al alumno sin traumatizarlo". "Lo enseñamos a través de historias personales, el antes, durante y después, focalizando no en cómo murió una víctima judía, sino en cómo vivió, a qué se enfrentó, cómo en un mundo donde no había elección y donde los nazis habían determinado la muerte sistemática de los judíos aún querían elegir y pensar en cómo sobrevivir", enfatiza Rapp.
"Nos centramos también en los perpetradores, los observadores pasivos y los Justos de las Naciones, que fueron no judíos que salvaron a judíos sin esperar nada a cambio", indica esta israelí de origen argentino: "Es importante recalcar que la Shoah no es sólo un asunto judío. La ideología nazi tenía el objetivo de exterminar a los judíos, pero se trata de un tema universal".
¿Cómo reaccionarían si un alumno dijera que el asesinato de seis millones de judíos es una invención o exageración? preguntamos. "Primero con la ley, porque el negacionismo es delito en muchos países incluyendo España. Pero la mejor forma de responder es emplear los ejemplos de qué y cómo ocurrió", contesta De La Fuente: "La Shoah fue excepcional en su momento y casi marca un paradigma en el estudio de los genocidios del mundo contemporáneo".

Estudiar las atrocidades nazis es sumergirse en las aguas del antisemitismo europeo, que también llegan a España. "A lo largo de la Historia se han naturalizado los prejuicios antisemitas. El antisemitismo estuvo en el pasado y está en el presente. Sólo muda la piel", avisa García.


Así apoyó La Pasionaria (Presidente del PCE) la invasión de Polonia por Hitler y Stalin en la Segunda Guerra Mundial. 4º ESO

ABC HISTORIA
Manuel P. Villatoro

En 1940, Dolores Ibárruri publicó un artículo en el que cargaba contra Gran Bretaña y Francia por defender a una «república de campos de concentración»

abc

Si hay algo que demuestra el estudio de la historia es que los grises priman sobre el blanco y el negro. El relativisimo de los no documentados, dicen unos; aunque prefiero definir este fenómeno como la cautela de aquel que conoce la inmensidad y los entresijos del pasado. Sea por la causa que sea, la realidad es que el paso del tiempo ha dejado algunas paradojas dignas de los Monty Python. Y una de ellas fue la defensa a ultranza que Dolores Ibárruri, la idealizada Pasionaria (fallecida hace hoy 30 años) en nuestra triste y castiza Guerra Civil, hizo de la invasión de Polonia por parte de la URSS. La contradicción es mayor si cabe al saber que la dirigente comunista seguía los preceptos de un Stalin que había firmado un pacto secreto con la Alemania nazi de Adolf Hitler para repartirse el país una vez iniciada la Segunda Guerra Mundial.
Ibárruri se deshizo en improperios contra Polonia, y en alabanzas hacia la URSS, en el primer número del semanario «España Popular», editado el 18 de febrero de 1940 en México. Un periódico que Pablo Jesús Carrión (autor del dossier «La delegación del PCE en México, 1939-1956») define como «una publicación periódica» que los «militantes de base» del Partido Comunista de España elaboraban al otro lado del charco y que hacía las veces de medio de difusión de las ideas oficiales de su organización. El artículo de Pasionaria, que contó con una llamada en la misma portada, fue extenso e incluyó afirmaciones tales como que «los trabajadores de todos los países han saludado con entusiasmo la acción libertadora del Ejército Rojo sobre el territorio del antiguo Estado de los terratenientes polacos». 
De la mano
Pero vayamos paso a paso. Encontrar las causas que resultaron en la escritura de este artículo nos obliga a dirigir la vista hacia el verano de 1939. Fue entonces cuando un efusivo Hitler puso sus ojos en Polonia después de haber conquistado -entre otras, y bajo la inactividad de las potencias internacionales- Checoslovaquia Austria. Ansiaba recuperar Danzig, la ciudad que el Tratado de Versalles había arrebatado a su país tras la Gran Guerra. Sin embargo, sabía que para ello debía neutralizar a la potente URSS (la única dispuesta a hacerle frente) mediante un pacto de no agresión. Ni las diferencias ideológicas evitaron que ambas naciones se reunieran.
Dolores Ibárruri
Dolores Ibárruri
El 23 de agosto de 1939Joachim von Ribbentrop y Viacheslav Mólotov, ministros de Asuntos Exteriores de nuestros dos países protagonistas, rubricaron un tratado de no agresión que contaba con siete clausulas públicas y varias secretas. En ellas se comprometieron a que el acuerdo se extendiera durante diez años; a que «ninguna de las dos participarán en agrupaciones de potencias que de alguna forma estén dirigidas directa o indirectamente contra la otra parte» y (entre otras tantas cosas) a repartirse Europa en dos áreas de influencia «en el caso de que se produjesen modificaciones político-territoriales». Es decir, en el momento en el que comenzara la contienda.
El despropósito se cumplió y el mismo Stalin (presente en la reunión y contrario al régimen nacionalsocialista) brindó alegre por el acuerdo. Otro tanto le pasó a un Hitler que llegó a calificar al soviético de «líder extraordinario» a pesar de que, en sus palabras, también era brutal. Podían (que no debían) estar contentos, pues -aunque el pacto se extendió diecisiete meses e incluyó la cesión de materias primas y viajes científicos entre ambos países- a corto plazo habían establecido que se repartirían Polonia tras el inicio de las hostilidades. Para aquellos escépticos basta con recordar que, cuando Mólotov se reunió con el embajador polaco y este le advirtió que, en caso de guerra, los aliados acudirían en su ayuda, el ministro le dio una respuesta tan tajante como poco halagüeña: «Bueno, ya veremos».

Propaganda comunista

Más allá de la reacción internacional, la realidad puso de manifiesto que Hitler Stalin ansiaban dividirse Polonia. El 1 de septiembre de 1939 lo demostró el primero cuando hizo que sus divisiones cruzasen la frontera con el objetivo de aplastar Varsovia. El 17 de ese mismo mes, los asfixiados defensores vieron como el ejército soviético cruzaba la frontera oriental de su país para unirse a las tropas del Führer. «Los polacos no disponían en esta franja de fuerzas organizadas para proteger la frontera, y los rusos avanzaron sin apenas oposición. Tan solo sufrieron 700 bajas», explica a ABC Jesús Hernández, autor (entre otras tantas obras) de la nueva y flamante «Esto no estaba en mi libro del Tercer Reich» (Almuzara, 2019).
Invasión ssoviética de Polonia
Invasión ssoviética de Polonia
Poco le importó al camarada supremo que Gran Bretaña y Francia hubiesen declarado la guerra al Tercer Reich el 3 de septiembre.
En todo caso, y en virtud de este pacto, Stalin ordenó a sus seguidores internacionales (los partidos comunistas ubicados en media Europa) endulzar el pacto de no agresión del 23 de agosto y afirmar, día sí y noche también, que las culpables de la contienda eran Francia y Gran Bretaña debido a su política de apaciguamiento. El Partido Comunista Francés fue uno de los que más esfuerzos puso en ello, como bien demuestra el titular que se publicó en el periódico «L'Humanité» (bajo la dirección de la organización) el 25 de agosto de 1939: «La acción de la Unión Soviética con el pacto de no agresión con Alemania ayuda a reafirmar la paz general».

Contra los Aliados

Ibárruri se unió a las premisas enviadas desde Moscú y escribió un extensísimo artículo titulado «La social-democracia y la actual guerra imperialista» en el mencionado periódico «España Popular». Sus primeras líneas las dedicó, a semejanza de sus colegas galos del Partido Comunista Francés, a cargar contras las grandes potencias aliadas, las vencedoras de la Gran Guerra, por no haber intervenido en la Guerra Civil española en favor de la Segunda República.
«La sangrienta experiencia de la derrota del pueblo español, derrota organizada de manera sistemática por los gobiernos reaccionarios de Francia e Inglaterra, ayudados en su criminal tarea por los jefes de la Socialdemocracia, puede servir en estos momentos como un rayo de luz que ponga de relieve la mentira de los motivos con que hoy se arrastra a los pueblos en una guerra imperialista».
La Pasionaria y Díaz aplaudiendo al camarada Antón durante el acto celebrado en el Monumental Cinema
La Pasionaria y Díaz aplaudiendo al camarada Antón durante el acto celebrado en el Monumental Cinema
La dirigente comunista en el exilio no se detenía en este punto. Sin pelos en la lengua, acusaba al «imperialismo inglés» y a la «burguesía francesa» de «llevar a la muerte» a miles de españoles. «Los que hoy levantan la bandera de la “democracia” son los principales culpables de la derrota de la República española», añadía. No solo eso, sino que también acusaba a los dirigentes de ambos países de haber traicionado «el pacto firmado en el año 1933 entre la República francesa y la República española, por el cual se comprometía la primera a vender a España todas las armas que necesitase en cualquier momento». En sus palabras, el presidente Léon Blum obvió haber rubricado aquello, aunque sí recordó la cláusula que obligaba a «España a no comprar armas a ningún otro país».
Por ello, además de por el seguimiento de ambas naciones de la llamada «política de no agresión» del premier Neville Chamberlain (mantenerse al margen de la contienda librada en la Península), La Pasionaria arremetía a su vez contra la «Socialdemocracia» europea. Y no solo eso, sino que afirmaba que esta corriente había provocado, de forma premeditada, la caída de la Segunda República en un vano intento de evitar una contienda general y de favorecer el derrumbe de -según ella- la única corriente que abogaba por resistir hasta el final contra Francisco Franco: la comunista.
«Todos los jefes socialdemócratas que llegaron a España llevaban el mismo objetivo, ver cómo se podía luchar contra el Partido Comunista»
«Todos los jefes socialdemócratas que llegaron a España llevaban el mismo objetivo, que es el de la burguesía de todos los países: ver cómo se podía luchar contra el Partido Comunista, por su inquebrantable posición de lucha y de resistencia ante los agresores, y convencer a los dirigentes socialistas, entre ellos a los a los Presidentes de los distintos Gobiernos y a los ministros socialistas, de la necesidad de terminar la guerra, entregando España al fascismo. Y así ocurría que la resistencia heroica del Ejército y del pueblo español ponía frenéticos a los jefes de la socialdemocracia, porque esta resistencia rompía todos sus planes y hacía disminuir su personalidad y su valía ante sus amos, los Chamberlain y los Daladier, la City de Londres y la Banca de París».

Críticas a Polonia

Tras estas agrias críticas, Pasionaria cargó tintas contra la misma Polonia que, menos de un año antes, había sucumbido a Hitler Stalin. En un apartado titulado «El miedo a la revolución», afirmaba que «los ardientes “pacifistas” y los partidarios de la política de “no intervención”» sí habían abandonado las premisas esgrimidas poco antes para, fusiles mediante, ayudar a los polacos. «Los portavoces socialdemócratas del imperialismo inglés y francés repiten cada día que hacen la guerra para “restaurar la Polonia”, en nombre de la democracia y “del derecho de los pueblos», escribió. Lo más sangrante, según sus palabras, es que, en contra de lo que sucedía en la Segunda República, en este país «millones de ukranianosbielorrusos judíos ni siquiera tenían el derecho de hablar libremente su idioma, y vivían en condiciones de parias».
«Ellos defienden un régimen que destrozaba la cultura de pueblos enteros, y abandonaban a los defensores de la cultura del pueblo español. Los hombres de la socialdemocracia, al servicio del gran capital, se atreven a llamar democrático al Estado polaco, el que fue cárcel de pueblos, donde el obrero no tenía derecho a organizarse libremente, donde el proletariado polaco llevaba la misma existencia de esclavos que el resto de los pueblos oprimidos. Ellos se declaraban solidarios con los gobernantes de la Polonia reaccionaria, desaparecida sin honor y sin gloria, porque los terratenientes polacos, los coroneles venales y que formaban su gobierno y que no representaban la voluntad del pueblo polaco -que no tenía ni voz ni voto para decidir sus destinos-, representaban, sin embargo, los intereses de los banqueros y grandes capitalistas de Londres y París».
Portada de España Popular
Portada de España Popular
Pasionaria esgrimía también que Francia Gran Bretaña solo habían acudido en ayuda de Polonia porque el país hacía las veces de «cordón sanitario» frente a la Unión Soviética y, llegado el momento, también de lanzadera para atacar el «país del socialismo». No solo eso, sino que argumentaba que los Aliados habían creado la zona de forma artificial en el Tratado de Versalles con este objetivo y que la habían dejado en manos de «terratenientes y coroneles».
En el artículo también achacaba a Polonia la creación de centros de reclusión. «¡La Polonia de ayer, cárcel de pueblos, República de campos de concentración, de gobernantes traidores a su pueblo, que estaba constituida a la imagen de la democracia de los Blum y Citrine!», escribía. No tenía constancia, parece ser, de los gulags que Stalin había establecido y se olvidaba de la hambruna provocada por el gobierno soviético que había acabado, entre 1932 y 1933, con millones de muertos en Ucrania. «La socialdemocracia llora sobre la pérdida de Polonia, porque el imperialismo ha perdido un punto de apoyo contra la Unión Soviética, contra la patria del proletariado. Llora por la pérdida de Polonia, porque los ukranianos, bielorrusos, trece millones de seres humanos, han conquistado su libertad. Como durante la guerra de España, ellos se encuentran hoy al lado de los enemigos de la Humanidad», completaba.
Pasionaria acababa esta parte del artículo con dos frases lapidarias: «Ningún obrero consciente podrá tomar voluntariamente las armas en defensa de la Polonia reaccionaria. Los trabajadores de todos los países han saludado con entusiasmo la acción libertadora del Ejercito Rojo sobre el territorio del antiguo Estado de los terratenientes polacos».
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