EL MUNDO CULTURA
·
ENRIQUE
DOMÍNGUEZ UCETA
Hace 500 años, un inglés disidente llamado Tomás Moro inventó una isla en la que los hombres vivían en una sociedad ideal, armoniosa, justa y ecologista. Ahora, Lovaina, la ciudad que acogió su trabajo, celebra aquella audacia.
Hace 500 años que se publicó en la
ciudad de Lovaina un pequeño libro escrito por el inglés Tomás Moro que llevaba
como nombre Utopía. Pocos han leído el libro,
pero el título se ha convertido en una palabra de uso común referida a un plan
o un sistema deseable pero de muy difícil realización. Para conmemorar la
fecha, la ciudad de Lovaina se ha volcado en una serie de celebraciones
integradas en el programa The future is more. 500 years
of Utopia, que culmina con dos exposiciones excepcionales, Utopia & More, dedicada expresamente al libro y a
su autor, y la extensa In search of Utopia,
que relaciona la obra con la expansión del Humanismo.
Utopia & More ocupa las salas de la Biblioteca Universitaria de Lovaina, donde se analiza
el contenido del libro, dedicado a describir una isla ficticia habitada por una
sociedad ideal en la que no existe propiedad privada ni codicia, donde los
habitantes trabajan seis horas al día y comparten su oficio con la práctica de
la agricultura. La democracia y la ecología son las bases de un sistema social
igualitario en el que el poder se emplea en el bienestar de la comunidad.
Después de siete años de preparación, el
intenso trabajo del comisario Jan Van der Stock se ha concretado en la
muestra In search of Utopia (En busca de Utopía),
instalada en las salas del moderno M-Museum de Lovaina, ubicado en el centro de
la bella ciudad flamenca, cerca del Gran Beaterio incluido en la lista del
Patrimonio de la Humanidad.
La exposición ha reunido 80 obras maestras procedentes de museos y colecciones privadas de
todo el mundo que documentan e ilustran el tiempo en que el
libro vio la luz, el Humanismo del
norte de Europa en el siglo XVI. Es una colección en la que destaca el arte de
los primitivos flamencos, brillan las obras de Quentin Massys, Hans Holbein,
Jan Gossaert y Alberto Durero, y acompañan otras piezas muy significativas que
nunca antes se habían mostrado de manera conjunta. En conjunto definen una
imagen deslumbrante de un tiempo de cambios políticos, religiosos y de
descubrimiento de tierras y culturas hasta entonces desconocidas en Europa.
El emblema de la muestra es Princesa
con esfera armilar de Jan Gossaert, procedente de la National
Gallery londinense, a la que se unen el Retrato
de un humanista anónimo de
Durero, y dos retratos de la mano de Quentin Massys, uno de ellos de Erasmo. La
pintura es sólo una parte del gran conjunto de esculturas, dibujos,
instrumentos científicos, miniaturas, libros, mapas, y tapices extraordinarios,
como El Paraíso, el Purgatorio y el Infierno,
inspirado en El
Jardín de las Delicias de El Bosco, tejido en Bruselas y
perteneciente ahora a la Colección Real de Patrimonio Nacional.
In search
of Utopia se divide
en cuatro grandes capítulos. El primero hace referencia al propio libro y a su
autor. Tomás Moro alcanzó gran relevancia pública en Inglaterra, fue
parlamentario, logró
la confianza de Enrique VIII y alcanzó el cargo de Lord Canciller.
Cuando se opuso a los deseos del monarca de refutar la supremacía del Papa,
renunció a sus cargos, lo que no impidió que fuera juzgado, condenado y
decapitado. Más tarde sería reconocido por la Iglesia Católica como Santo Tomás
Moro. Su historia fue llevada al cine por Fred Zinnemann en Un hombre para la
eternidad, ganadora de seis premios Oscar en 1966. En la exposición de Lovaina se puede conocer el entorno del
autor, en especial su amistad con Erasmo y con Pieter Gillis,
secretario del Ayuntamiento de Amberes, y su relación con la universidad de
Lovaina.
Tomás Moro escribió Utopía como contrapunto al ambiente de
avaricia, corrupción e incompetencia que encontraba en su propio país. La isla
ficticia de Utopía representaba una república ideal, donde reinaba la
justicia, la vida estaba organizada y todo el mundo era feliz.
Ese horizonte de perfección se encuentra más allá del mundo real y se asocia de
manera natural a la idea de un paraíso en la tierra. A las imágenes del paraíso
y del infierno se dedica la segunda parte de la exposición, que ofrece una
fascinante colección de obras que representan utópicos paraísos y
estremecedores infiernos distópicos trazados por seguidores de El Bosco.
Entre las representaciones del paraíso destacan los Besloten Hofjes, los insólitos
retablos realizados en el siglo XVI por las monjas
agustinas del asilo de enfermos de Malinas, que mezclaban de
manera naíf figuras humanas, reliquias, recuerdos de peregrinaciones y
vegetación de tela en relieve. Sus obras han sido restauradas para la muestra y
forman parte de las Maravillas del Arte Flamenco del Gobierno de Flandes.
Una tercera sección lleva por título Más allá del horizonte, donde se
reúne una extraordinaria colección de mapas que recoge el estado del
conocimiento objetivo del mundo en el siglo XVI. Diversas zonas de Asia, África
y América permanecen inexploradas, y su representación imaginaria, basada en
relatos y leyendas, logra asombrosas obras maestras de la historia del arte. La terra incognita se
llena de unicornios,
monstruos marinos y salvajes en los valiosos pergaminos que se exhiben
en Lovaina, con especial interés en los Mappamundi de
Simon Marmion, y del cartógrafo francés Pierre Desceliers.
La mirada de los Humanistas del siglo XVI también se dirige al cielo
nocturno, intenta comprender el universo, descubrir el orden dentro del caos
aparente y persigue la medición del tiempo. A este tema se dedica la sección
final, El universo en la palma de la
mano, que manifiesta el encuentro entre el arte y la ciencia en
piezas excepcionales. Lovaina destacó en aquel tiempo por la fabricación de
instrumentos científicos como las esferas armilares, astrolabios y globos
celestes. De las siete esferas armilares que se conservan de aquel tiempo,
cinco se encuentra en la exposición de Lovaina.
En este apartado sobresale el prodigioso tapiz El movimiento del Universo,
procedente de Toledo, en el que combina la composición de figuras
alegóricas en torno a un astrolabio gigante, y la tabla Caos, del español
Maestro Bartolomé, que supone un intento visual único de representar la nada de la que Dios habría hecho surgir el
espacio y el tiempo. Ambas obras ponen de manifiesto la intensa
relación entre la cultura de España y la de los Países Bajos en el siglo XVI.
Un espacio aparte en el M-Museum ocupa la muestra EUtopia, con
proyectos utópicos de cinco equipos de grandes arquitectos y artistas belgas
que exploran la relación entre las fronteras y la identidad, abriendo debates
entre la privacidad y el espacio público, colectivo.
La utopía es una creación de la mente humana, pero representa la irrenunciable aspiración a una existencia
mejor en este mundo. Utopía era una isla imaginaria que había
logrado una organización justa y sostenible. Hoy sabemos que la Tierra es un
planeta aislado, rodeado por un universo casi vacío, que está muy lejos de
alcanzar la justicia o la sostenibilidad. Si la utopía social y ecológica era
un deseo hace 500 años, hoy se ha convertido en un desafío inevitable y
apremiante. Por eso el libro Utopía, publicado en el mes de diciembre de 1516
en la imprenta de Dirk Martens en Lovaina, se sigue leyendo y permanece como
una referencia de máxima actualidad. La exposición de Lovaina muestra el
espíritu de los humanistas que tomaron conciencia de los problemas de su
existencia individual y colectiva, y señalan el camino que hoy necesita el
planeta. Parafraseando el título de la exposición, El futuro es Utopía. O no será.


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