lunes, 26 de diciembre de 2016

El Gobierno de Obama se abstiene en una resolución de la ONU contra Israel. 4º ESO

EL PAÍS INTERNACIONAL
Marc Bassets/Juan Carlos Sanz

La Administración de Obama renuncia a ejercer el derecho de veto, que ha usado sistemáticamente, pese a las demandas de Donald Trump.


Estados Unidos se abstuvo este viernes ante una resolución del Consejo de Seguridad de la ONU que condenaba los asentamientos israelíes en territorios palestinos. La abstención, que permitió la adopción del texto, refleja el pulso por el control de la política exterior entre el presidente saliente, el demócrata Barack Obama, y su sucesor, el republicano Donald Trump. Trump, coordinado con el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, presionó sin éxito para impedir que la resolución de sometiese a votación y para que, si esto ocurría, EE UU la vetase.
El Consejo de Seguridad de la ONU, reunido el viernes 23 de diciembre en Nueva York. EFE

La abstención rompe con la posición tradicional de EE UU que había vetado otras resoluciones similares sobre Israel. Las maniobras de Trump en contra de su propio presidente tensan uno de los traspasos de poder más complejos en tiempos recientes.
La de EE UU fue la única abstención. 14 miembros del Consejo de Seguridadvotaron a favor.
Los efectos de la abstención estadounidense serán efímeros. En menos de un mes Trump sustituirá a Obama en la Casa Blanca y, en un mensaje en la red social Twitter, ya dejó clara su discrepancia con la decisión: "Por lo que respecta a la ONU, las cosas serán diferentes después del 20 de enero". Pero
El republicano Trump hizo lo posible por evitar la votación sobre una resolución que condena los asentamientos israelíes en los territorios ocupados. Sus esfuerzos tuvieron éxito en un primer momento y lograron aplazar un voto previsto el jueves. Pero el viernes cuatro países —Nueva Zelanda, Venezuela, Malasia y Senegal– volvieron a plantear la resolución. El borrador de la iniciativa establecía que “los asentamientos israelíes en territorios palestinos, incluido Jerusalén Este, no tienen validez legal” (…) “y su actividad debe cesar inmediatamente".
El texto que se sometió a votación mantenía la petición del Consejo de Seguridad de la ONU para que Israel detenga la actividad y la expansión de los asentamientos y advertía de que la comunidad internacional no reconocerá ninguna alteración de las fronteras establecidas antes de la guerra de 1967 si no hay un acuerdo previo entre las partes. La resolución puede abrir la vía a la imposición de sanciones internacionales a Israel.
"No se pueden defender los asentamientos y la solución de los dos estados [palestino e israelí]", dijo la embajadora de EE UU ante la ONU, Samantha Power, para justificar la abstención. Power insistió en que la abstención es coherente con la oposición pasada de Washington a los asentamientos y la defensa de una solución al conflicto que incluya dos estados.
La votación llegó tras 24 horas de ajedrez diplomático, no entre EE UU y otros países sino entre los dos líderes que conviven en EE UU desde las elecciones del 8 de noviembre y hasta que el 20 de enero Trump jure el cargo.
El presidente electo irrumpió el jueves en la escena internacional para pedir al mandatario demócrata que vetase la propuesta de resolución ante el Consejo de Seguridad. Pocas horas antes de que se sometiera a votación en la tarde del jueves la iniciativa original de El Cairo, telefoneó al presidente egipcio, Abdelfatá al Sisi, quien poco después ordenó la retirada del texto.
Es inusual que un presidente electo —es decir, un ciudadano sin cargo público que todavía no ha jurado el cargo— actúe por su cuenta en política exterior, llamando a líderes extranjeros y permitiéndose presionar a su propio presidente. Oriente Próximo es uno de los puntos de fricción en política internacional entre el presidente saliente y el presidente electo.
Desde las reacciones con Rusia a la política hacia China, Cuba, o la doctrina nuclear, Trump ha mostrado el deseo de romper no sólo con Obama sino en algunos casos con décadas de continuidad, demócrata y republicana. Desde su mansión de Palm Beach (Florida), con sus llamadas telefónicas y sus mensajes en la red social Twitter, el presidente electo está poniendo en marcha su presidencia antes de asumir oficialmente el cargo. Mientras tanto, Obama pasa las vacaciones navideñas en su Hawái natal y evita las declaraciones públicas.
El de esta semana no es el primer roce. Unos días antes, cuando se publicaron nuevos detalles sobre la interferencia de Rusia en favor de Trump durante la campaña, Trump descalificó a los espías estadounidenses para exculpar al presidente ruso, Vladímir Putin. Los buenos propósitos de cooperar con Obama en los días posteriores a la victoria del 8 de noviembre se han esfumado.
Hasta ahora las divergencias se habían circunscrito a un plano retórico. Por primera vez, el futuro presidente interviene directamente, para intentar torpedear la política exterior, en las funciones que legalmente todavía desarrolla el presidente Obama. Lo hace, además, en uno de los campos minados de la diplomacia estadounidense, una región, Próximo Oriente, en el que cada movimiento de la primera potencia mundial está bajo la sospecha y en el que esta mide al milímetro todos sus movimientos.
La relación de Obama y Netanyahu también ha sido compleja. Obama ha preservado y reforzado el compromiso estadounidense en la ayuda militar. Al mismo tiempo, se han enfrentado por el acuerdo nuclear con Irán, al que Netanyahu se oponía, entre otros motivos.
En la campaña Trump se rodeó de consejeros como Steve Bannon, próximos a los movimientos de la derecha radical que agitan el antisemitismo. Y él mismo agitó en sus discursos los tópicos del antisemitismo más rancio, como las teorías sobre conspiraciones en la sombra urdidas por banqueros y financieros sin patria, para descalificar a su rival, la demócrata Hillary Clinton.
Al mismo tiempo, empleó una retórica agresiva sobre el conflicto entre israelíes y palestinos, o Irán, que agrada a Netanyahu, lo que se ha interpretado como un giro brusco en la posición de EE UU, que en las últimas décadas ha intentado preservar el papel de intermediario en el conflicto.
La paradoja es que en la discusión sobre la resolución de la ONU es Trump quien se alinea con la posición tradicional de EE UU —el veto a las condenas a los asentamientos— y Obama quien rompió con esta tradición.

ABANDONADO POR EE UU

El Gobierno israelí dijo sospechar que la Administración del presidente Barack Obama ha actuado de forma coordinada con los dirigentes palestinos para promover la resolución de condena a los asentamientos. Un ministro israelí próximo a Netanyahu, el titular de Energía, Yuval Steinitz, declaró al Canal 2 de la televisión israelí que “no se trataba de una resolución contra los asentamientos, sino de una resolución contra Israel, contra el pueblo judío y contra el Estado judío”. “Estados Unidos ha abandonado a su único amigo en Oriente Próximo”, afirmó. Un alto cargo llegó a acusar a Washington de haber organizado una “emboscada vergonzosa” en el Consejo de Seguridad de espaldas a Israel que acabaría dando alas “al terrorismo y al boicoteo”, según informó Reuters.
El embajador israelí ante la ONU, Danny Danon, había suplicado antes de la votación a través de Twitter: “Pedimos a Estados Unidos que permanezca junto a nosotros”. Tras conocer la abstención de Washington, se limitó a expresar su confianza en que la nueva Administración norteamericana pueda mejorar las relaciones entre ambos países.
Cerca de 600.000 colonos se han instalado desde hace casi medio siglo en la parte oriental de Jerusalén, anexionada por el Estado judío, y en más de dos centenares de colonias repartidas a lo largo de Cisjordania bajo ocupación militar israelí. Tras los Acuerdos de Oslo de 1993, el Ejército ejerce el control pleno sobre el 60% del territorio cisjordano.
El primer ministro, Benjamín Netanyahu, recurrió a Donald Trump ante el silencio a sus peticiones de veto en la Casa Blanca y el Departamento de Estado. El presidente electo es considerado como más favorable a Israel que Obama después de haber prometido durante la campaña electoral que ordenará trasladar de Tel Aviv a Jerusalén la Embajada norteamericana, una decisión que puede desencadenar una ola de inestabilidad en Oriente Próximo. Trump también ha nombrado como embajador al abogado judío David Friedman, próximo a la ultraderecha nacionalista israelí y partidario de la anexión de los asentamientos.
El futuro presidente de Estados Unidos defendió sin rodeos el jueves que Washington debía usar su veto para bloquear la propuesta contra los asentamientos, ya que, argumentó, “situaría a Israel en una posición muy débil para negociar (…) La paz no llegará por las imposiciones de la ONU”.
Netanyahu canceló el jueves su agenda oficial tras verse sorprendido por el anuncio de una votación en el Consejo de Seguridad y organizó un despliegue diplomático a gran escala. El primer ministro israelí ya había expresado en reiteradas ocasiones su temor a que Obama pudiese dejar de vetar una resolución de condena a las colonias tras las elecciones del pasado noviembre, que dieron la victoria al republicano Trump, pero no esperaba que se fuera a producir de forma inmediata.
Un portavoz del presidente palestino, Mahmud Abbas, dijo que la votación había supuesto un serio revés para Israel y había mostrado el “fuerte apoyo a la solución de los dos Estados en la comunidad internacional”. “Ha sido un día histórico en la lucha palestina contra la colonización y una victoria del derecho internacional”, concluyó el secretario general la Organización para la Liberación Palestina, Saeb Erekat.




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