jueves, 15 de diciembre de 2016

Irán amaga con construir barcos de propulsión atómica en respuesta a las sanciones de EE UU. 4º ESO

EL PAÍS INTERNACIONAL
Ángeles Espinosa

El régimen de Teherán se muestra unánime en que Washington ha violado el acuerdo nuclear.

Pie de Foto: Hasan Rohaní, el pasado 6 de diciembre en la Universidad de Teherán.  AFP

El presidente de Irán, Hasan Rohaní, ha ordenado a los científicos de su país que empiecen a trabajar en sistemas marítimos de propulsión atómica, según han informado este martes los medios estatales. La medida responde a la convicción de que Estados Unidos ha violado el acuerdo nuclear alcanzado en 2015 después de que el Congreso aprobara a primeros de mes una legislación que facilita reintroducir sanciones contra Teherán y que el presidente Barack Obama tiene previsto firmar en los próximos días. Es la primera vez que el régimen iraní se muestra unánime al respecto.
“Estados Unidos no ha cumplido totalmente con sus compromisos en el Plan Integral de Acción Conjunta [el acuerdo nuclear también conocido por sus siglas inglesas como JCPOA]”, afirma Rohaní en sendas cartas dirigidas al ministro de Exteriores, Mohammad Javad Zarif, y al responsable de la Organización de la Energía Atómica de Irán, Ali Akbar Salehi. Por ello, el presidente iraní instruye al primero que, en el plazo de un mes, prepare una queja legal para presentar ante el comité internacional encargado de supervisar ese pacto; y al segundo, el diseño de “un propulsor nuclear para su uso en el transporte marítimo” y los estudios para “el combustible nuclear” requerido por éste, antes de tres meses.
El texto no aclara si se refiere simplemente a barcos de propulsión atómica o también a submarinos. En 2012, cuando la tensión con Occidente por su controvertido programa nuclear se encontraba en máximos, Irán dijo que estaba trabajando en la construcción de su primer submarino nuclear. Como entonces, los observadores internacionales cuestionan esas intenciones, ya que se trata de un esfuerzo muy costoso para obtener un escaso rendimiento estratégico. Sin embargo, podría servir de pretexto para volver a enriquecer uranio por encima del 20 %, algo que el JCPOA veta durante 15 años (hasta 2030).
De momento, el anuncio de Rohaní aumenta la tirantez entre Irán y EE. UU., ya elevada a raíz de que el presidente electo Donald Trump declarara su voluntad de romper ese acuerdo. Aunque ambos países no mantienen relaciones diplomáticas desde la toma de la Embajada norteamericana en Teherán en 1979, la negociación del pacto acercó a sus respectivos responsables de Exteriores, Zarif y John Kerry, y rebajó el nivel de hostilidad.
Dentro de Irán, los analistas ven la reacción más como una respuesta estratégica porque la futura Administración Trump tendrá que tenerla en cuenta para sus futuras decisiones sobre el JCPOA. Hasan Abedini, un analista de la televisión estatal, ha calificado las negociaciones con EE. UU. como "jugar al ajedrez con un gorila". En su opinión, la violación del acuerdo confirma que no se puede confiar en Washington.
Tal ha sido tradicionalmente la postura de los conservadores iraníes, pero esta es la primera vez que todas las autoridades del país afirman unánimes que EE. UU. ha violado el JCPOA. Los legisladores norteamericanos y el propio presidente Obama discrepan de esa interpretación y aducen que la extensión por otros diez años de la Ley de Sanciones contra Irán no afecta al acuerdo que sólo levanta las sanciones nucleares, no las relativas a los derechos humanos y el programa de misiles.
Bajo el acuerdo, Irán, que siempre ha negado las intenciones militares de su programa nuclear, aceptó limitar sus actividades en ese terreno a cambio del levantamiento de las sanciones internacionales que lo castigaban. Desde el pasado enero, cuando entró en vigor, eso se ha traducido en un notable aumento de las ventas de petróleo. Sin embargo, las esperanzas de atraer importantes inversiones extranjeras se han visto frustradas por el temor de los grandes bancos a pillarse los dedos con EE. UU.
Esa desilusión ha dado alas a los rivales políticos del moderado Rohaní. Le acusan de haber hecho excesivas concesiones a cambio de un escaso beneficio económico. Esas críticas, que se han agudizado ante las elecciones presidenciales del año que viene, le han puesto a la defensiva. Durante un discurso la semana pasada, volvió a subrayar que el equipo nuclear, que dirigió el ministro Zarif, no actuó por su cuenta sino que el líder supremo, el ayatolá Ali Jameneí, participó en todas las etapas de la negociación. Pocos días antes, Jameneí dejó claro que la extensión de las sanciones que debatía el Congreso de EE. UU. era un incumplimiento claro del acuerdo y que Irán reaccionaría a él sin falta.

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