martes, 18 de abril de 2017

El FMI eleva al 2,6% su previsión de crecimiento para España en 2017. 4º ESO-Economía

EL PAÍS ECONOMÍA
Amanda Mars

El Fondo mejora también su pronóstico sobre EE UU y Reino Unido pese a las advertencias contra el 'Brexit' y el proteccionismo.

Christine Lagarde, directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI). EFE

La reunión de primavera del Fondo Monetario Internacional ha arrancado este martes en Washington con un sentimiento peculiar. A golpe de urna, se han impuesto en dos de las grandes potencias discursos que no gustaban en la institución: el giro proteccionista del discurso Donald Trump en Estados Unidos y el Brexit, a lo que además se une hoy el anuncio de elecciones anticipadas en Reino Unido el próximo 8 de junio para mayor incertidumbre. Sin embargo, el Fondo concede a los británicos la principal mejora de las previsiones económicas para este año en el grupo de las mayores economías avanzadas y sube en una décima lo pronosticado para los estadounidenses. España, Estados Unidos y Reino Unido serán, por este orden, las grandes economías desarrolladas que más crezcan en 2017.
La debilidad que mostraba la economía mundial en los últimos años ha dado paso a una tendencia de mejora, sobre todo en el último semestre, aunque de forma muy desigual entre países. La expansión alcanzará el 2,6% en España en 2017, lo que supone una mejora de tres décimas respecto a la última estimación, del pasado enero, pero sigue significando un importante frenazo respecto a 2016, que se cerró con un avance del PIB del 3,2%. La ralentización, muy preocupante para un país con una enorme bolsa de paro todavía, se agrava en 2018, cuando el Fondo espera un crecimiento del 2,1%, lo mismo que en el último cálculo. La tasa de paro será del 17,7% y del 16,6 en 2017 y 2018, respectivamente.

La revisión de crecimiento al alza más generosa se la lleva, en cambio, Reino Unido, el país que en junio decidió dejar la Unión Europea, un proceso sobre el que el FMI había lanzado alertas. Ese 2% esperado para este año no solo es medio punto superior a lo que se calculó en enero, sino que es nueve décimas mayor a los previsto en octubre. “La evolución ha sido mejor de lo esperado desde la votación, lo que apunta a una materialización más gradual de lo estimado de los efectos negativos de esta decisión”, señala el informe del Fondo, que advierten de que esos efectos, antes o después, acechan a la isla en forma de depreciación de la libra, caída del poder adquisitivo y algo más venenoso e incontrolable: una enorme incertidumbre que castiga inversiones y consumo. En este contexto, la expansión se frena para el año que viene hasta el 1,5%, una previsión que es, no obstante, una décima mejor que la de enero.

En las últimas jornadas del FMI, las del pasado octubre, Trump solo era una posibilidad, pero su discurso económico defendía un giro proteccionista que ya puso en alerta a la institución por lo que podía tener de contagioso, ganara o no las elecciones presidenciales el republicano. Hoy, Trump es ya el presidente de la economía más poderosa del mundo, pero su apuesta por los estímulos fiscales al crecimiento —más inversión, menos impuestos— está pesando más que sus promesas respecto al comercio internacional, pese a que tampoco han pasado del verbo a la acción. El Brexit, en cambio, ya se había votado hace seis meses, si bien ahora ya se ha activado el procedimiento, pero son demasiadas las dudas sobre este proceso como para poder calcular bien el impacto.
Influye también que la Administración de Trump, de momento, no ha sido tan trumpista como fue la campaña electoral. “Hay una distancia enorme entre la retórica electoral y los pasos reales que se han dado. No voy a especular con lo que se va a hacer o no: lo que hemos visto en el G20 y en conversaciones con el Tesoro es voluntad de cooperar, de trabajar juntos sobre opciones sensatas, no extremas. Cuando EE UU pide 'comercio justo' algunos traducen automáticamente: '¡Oh, riesgo de proteccionismo!'. Pero la idea de un comercio libre, justo y global va en la buena dirección. En las reuniones de primavera del FMI hay que sentarse y discutir qué es comercio justo”, dijo la directora gerente, Christine Lagarde, en una entrevista con EL PAÍS y otros diarios europeos.
El mensaje del FMI, pese a todo, se mantiene en la misma línea. Los informes publicados hasta ahora y los discursos de los últimos meses resultan, a la postre, un alegato por las economías abiertas y el comercio internacional ante ese repunte del nacionalismo que han constatado en EE UU y Reino Unido y que ahora también temen en Francia.

La aceleración toma cuerpo

“Las novedades positivas en el terreno económico no dejan de llegar desde mediados de 2016 y gracias a ellas las perspectivas mundiales se están despejando. La aceleración que esperábamos desde hace un tiempo parece estar tomando cuerpo”, afirma el economista jefe del Fondo, Maurice Obstfeld. Las perspectivas de crecimiento mundial para este año se sitúan en el 3,5%, lo que supone una mejora muy leve, de una sola décima, respecto a la proyección de hace cuatro meses, pero marca un cambio de tendencia respecto a los últimos años, en los que se sucedían las revisiones a la baja. El pronóstico para 2018 se mantiene en 3,6%, si bien siguen preocupando el lento crecimiento de las economías desarrolladas, así como la ralentización de China, que avanzará un 6,6% y 6,2% en 2017 y 2018, respectivamente, una y dos décimas por encima de la última estimación.
El Fondo, de forma más o menos oficial, empezó a reconocer hace poco que se había puesto el análisis en el crecimiento mucho más que en la distribución y que los problemas de desigualdad en los países ricos habían generado tal malestar que empezaba a poner en riesgo el sistema creado tras la Segunda Guerra Mundial. Ahora, reducir los problemas de injusticia social empieza a verse como la forma de evitar el repunte de nacionalismo. “Un riesgo destacable es un giro hacia el proteccionismo que haga estallar una guerra comercial. Especialmente en el caso de las economías avanzadas, se observan varios factores que han generado respaldo político a favor de marcos de política de suma cero”, apunta Obstfeld.

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