domingo, 16 de octubre de 2016

Descabezando el Califato del Estado Islámico. 4º ESO

EL MUNDO Internacional

Imagen de combatientes kurdo-iraquíes en un tanque en la zona fronteriza de la guerra entre el grupo yihadista Estado Islámico y del Kurdistán iraquí EFE
  • FRANCISCO CARRIÓN/
  • EL CAIRO

  •             Durante los últimos días del pasado agosto y la primera semana de septiembre los prebostes del autodenominado Estado Islámico sufrieron una sucesión de desgracias cuyas proporciones están tardando en digerir. El primer alto cargo en caer fue el portavoz de la organizaciónAbu Mohamed al Adnani. Su fallecimiento fue anunciado por medios afines al IS el 30 de agosto.
    Una semana más tarde, el 6 de septiembre, perdió la vida Abu al Hariz al Lami, un dirigente a cargo de los medios de comunicación del grupo en Siria e Irak. Apenas 24 horas después, murió en un ataque aéreo de la coalición internacional que lidera Estados Unidos el ministro de Información del Califato, el veterano Abu Mohamed al Furqan.
    El óbito de Al Furqan, el principal adalid del complejo entramado mediático del IS (Estado Islámico) solo fue confirmado a última hora del lunes en un escueto comunicado que ensalzaba su contribución a una yihad asediada por la caza de sus líderes y las derrotas en el campo de batalla.
    En los últimos meses la muerte ha ido alcanzado a notables caudillos del grupo, miembros de su núcleo duro. Desde principios de 2016 han conocido el martirio Amr al Absi, gobernador del IS en la provincia siria de Alepo y principal urdidor de los secuestros de occidentales; el número dos de la organización y ministro de Finanzas, Abu Ala al Afri; el comandante en la provincia iraquí de Al Anbar, Abu Wahib y Abu Omar al Shishani (El checheno, en árabe), uno de los principales lugartenientes de la organización yihadista.
    La mayoría de los caídos se sentaban en el consejo de la Shura -el órgano del IS donde se dirimen los asuntos militares y religiosos reportando directamente a Abu Bakr al Bagdadi- y algunos procedían incluso de la extinta Al Qaeda en Irak, el germen del movimiento que en junio de 2014 proclamó un califato a caballo de Siria e Irak. "Las muertes son muy significativas. El IS tiene un problema con los servicios de Inteligencia de la coalición y su penetración. Están siendo capaces de eliminar a mucho personal de alto rango de la organización", reconoce a EL MUNDO Ayman al Tamimi, experto en yihadismo.
    En la mayoría de los casos, los gerifaltes del IS han perdido la vida bajo el plomo de la alianza internacional. A principios de año una unidad especial de soldados estadounidenses encargada de identificar, capturar y liquidar a dirigentes del IS se asentó en Irak. Un batallón similar actúa también en suelo sirio. "Es peligroso ser líder del IS en Irak y Siria en estos momentos", advirtió el portavoz del Pentágono Peter Cook el pasado mayo. Hasta ahora, sin embargo, los adláteres de Al Bagdadi han demostrado su capacidad y flexibilidad para reemplazar a los desaparecidos con dirigentes de segundo nivel.
    Así, han ascendido en el organigrama personajes como Abu Mohamed al Shimali, un militante curtido en Al Qaeda en Irak que actualmente controla el comité de inmigración y logística del grupo, el organismo responsable de -entre otros asuntos- el flujo de combatientes extranjeros. Sin embargo, no todos los puestos han logrado recobrarse de la pérdida. "Abu Mohamed al Furqan tendrá un relevo pero, por ejemplo, en el caso de Al Adnani no creo que haya suplente. Directamente no habrá portavoz oficial", replica Al Tamami.
    La estrategia de comunicación del IS, tocada
    El hostigamiento de los bombardeos y los objetivos liquidados han comenzado a hacerse sentir en el esqueleto del IS y en pilares como la estrategia comunicativa. Una investigación publicada esta semana -elaborada por el Centro para el Combate del Terrorismo, dependiente del Departamento de Defensa estadounidense- constata la drástica reducción de mensajes que despacha el grupo terrorista.
    Mientras en agosto de 2015 su producción alcanzó las 700 comunicaciones -entre vídeos, artículos y comunicados de prensa-, un año después la cifra se hundió por debajo de los 200 mensajes. "Esta disminución sugiere que el grupo está luchando para mantener la apariencia exterior de que su Estado funciona", subraya el informe. La mengua también se ha trasladado al número de combatientes que han emigrado a los confines del Califato. Según datos divulgados por el Pentágono el pasado abril, el tráfico ha caído desde las 2.000 hasta las 200 personas al mes. Una severa carestía ha adelgazado, además, los sueldos de quienes se han enrolado en sus filas.
    La desaparición de cotizados lugartenientes, duchos en el arte de la guerra, se suma a la pérdida de territorio malhiriendo el proyecto que encandiló a miles de extremistas. "El control de territorio y la aplicación de la ley islámica es parte integrante de la noción de Califato. Es un gran golpe para su argumento de que se trata de un Estado islámico", explica a este diario Amarnath Amarasingam, investigador de la Universidad George Washington. "Aunque es cierto que este tipo de movimientos son bastantes buenos racionalizando sus mermas. Si Al Bagdadi muere o se pierden territorios, las provincias internacionales se convertirán en un argumento de peso o pueden alegar que el control de un espacio físico ya no resulta necesario".


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