jueves, 24 de noviembre de 2016

Medio siglo de censura iluminado. 4º ESO

EL PAÍS BABELIA
Manuel Rico

Julio Neira rescata la antología prohibida de Angelina Gatell sobre la oposición de la intelectualidad española a la guerra de Vietnam.

Evacuación de un estadounidense herido en la guerra de Vietnam. 
A finales de 1967, el PCE, entonces principal fuerza activa de la oposición al Régimen, encargó a la poeta Angelina Ga­tell una antología que diera testimonio de la oposición de la intelectualidad de la época a la política norteamericana en Vietnam y a una guerra convertida en sangría cotidiana y en referente de la violación de los derechos humanos en el mundo. A lo largo de 1968, la barcelonesa trabajó intensamente en su preparación: se carteó con los poetas que conocía, incluyendo algunos exiliados, y acabó conformando un volumen en el que estaban presentes los autores más relevantes de la época. El libro iba a contar con dibujos y grabados de los que se encargó el pintor Julio Álvarez. El proyecto, rechazado por Aguilar y la Alfaguara de Cela, fue acogido por Ciencia Nueva, que, siguiendo la liberal Ley de Prensa e Imprenta de Fraga Iribarne, hizo el depósito previo en septiembre de aquel año. Tras varios dictámenes, fue prohibido por la censura y quedó varado, durante casi medio siglo, en el Archivo General de la Administración (Alcalá de Henares) y en el cajón de Gatell. La editorial fue cerrada en 1969 por orden gubernativa y de las ilustraciones nunca más se supo.
De forma mayoritaria nos encontramos con textos elaborados no solo con emoción, sino con conciencia estética y no poca ambición
El profesor y ensayista Julio Neira ha rescatado ahora el libro. En un doble sentido: como muestra de la respuesta político-cultural a una guerra impulsada por un aliado de Franco desde la visita de Eisenhower en 1959, y como radiografía de la poesía del momento. Con Vietnam es una ventana abierta a otro tiempo: a su través respiramos el aire viciado de una realidad opresiva y asistimos al encuentro de poetas y poemas de distintas generaciones y estéticas. Tiene algo de viaje a los recovecos de la vida literaria entre la clandestinidad y lo permitido y mucho de sorprendente: a la invitación de Gatell respondieron poetas del 27 como Alberti, Gerardo Diego y Aleixandre; nombres de la primera promoción de posguerra como Celaya, Blas de Otero o Ángela Figuera; gran parte de los poetas de la promoción del medio siglo como José Ángel Valente, Ángel González, Caballero Bonald, José Agustín Goytisolo y Carlos Sahagún; poetas en la constelación del 68 como Félix Grande, Jesús Munárriz, Francesc Parcerisas o Marcos Ricardo Barnatán; exponentes de la “poesía carcelaria” como Carlos Álvarez y José Luis Gallego o no clasificables como Soto Vergés, Corredor Matheos y Carlos de la Rica, y muchas mujeres: Pura Vázquez, María Elvira Lacaci, Cristina Lacasa, Marta Pessarrodona, Aurora de Albornoz o Concha de Marco, entre otras. La antología es un reflejo también de la poesía escrita en las lenguas hoy cooficiales: euskera (Gabriel Aresti), catalán (Josep Llompart, Joaquim Horta, Vall­verdú, Salvador Espriu, Pere Quart…) y gallego (Manuel María, Celso Emilio Ferreiro, Ramón Regueira). E indirectamente nos muestra un “estado de la cuestión” respecto a las libertades: no sólo nos adentramos en él gracias al prólogo de Neira y a las notas a pie de página sobre los poemas que la censura exigía suprimir, sino también en las cartas de respuesta a la antóloga, en las que se filtra una inevitable sensación de miedo o de prevención.
Toda antología de circunstancias presenta la servidumbre de la irregularidad. Con Vietnam no escapa a ella. Sin embargo, de forma mayoritaria nos encontramos con textos elaborados no sólo con emoción, sino con conciencia estética y no poca ambición. Hay poetas de los que sólo se reproduce la carta de respuesta afirmando no contar con el poema ad hoc (Carlos Barral, Prado Nogueira, Bousoño, José Luis Cano, María Beneyto); otros anuncian estar trabajando en él, y los más se limitan a enviar poema sin carta. En la antología convive la poesía más reivindicativa con la pulsión confesional de autores relacionados con el cristianismo socialde la época, los sonetos con el verso libre, el empeño meditativo y la reflexión con la narratividad, el arte menor de la copla con el versículo, la ironía con la gravedad y el tremendismo. Es, en general, una poesía realista, directa e interpelante, pero no faltan los poemas de un clasicismo casi garcilasista (Morales) ni el vanguardismo fronterizo con la poesía visual (Uxío Novoneyra) o la lírica ligereza llena de ternura (Gloria Fuertes).
Por último, conviene destacar que una parte de los poemas han permanecido inéditos hasta hoy. Se trata de los de Ángel González, Goytisolo, Morales, Ángela Figuera, Crémer, Carriedo, Badosa, Marcos Ricardo Barnatán, Carlos Álvarez y Sabina de la Cruz. El de Blas de Otero lo conocimos en la edición de 2014 de su poesía completa (Galaxia). En el fondo se trata de fragmentos de tiempo significante que, como los topos de principios de la Transición que vivieron largos años en desvanes o sótanos y asomaron entonces a la vida colectiva, hoy salen a la luz a la iniciativa de Julio Neira y de Angelina Gatell. Y de la editorial Visor.



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