miércoles, 12 de diciembre de 2018

El ladrillo, el nuevo rey de la rentabilidad financiera en 2018. 4º ESO-Economía-IAEE

CincoDías EL PAÍS ECONOMÍA
Nuria Salobral


La vivienda sube el 6,2% en el año, frente a la pérdida generaliza de los activos financieros.



La inversión más conservadora se ha impuesto por rentabilidad este año. El ladrillo está recuperando en España la aureola de tiempos pasados como activo capaz de garantizar ganancias y lo hace con una contundencia envidiable para el resto de activos disponibles en el amplio abanico de la inversión. En un año que va a saldarse como abiertamente hostil para la inversión en los mercados de capitales, la vivienda emerge como refugio de rentabilidad.
Los expertos coinciden en que en 2018 se va a dar la insólita circunstancia de que el conjunto de los activos financieros va a terminar en pérdidas, empezando por la Bolsa –con contadas excepciones en algún mercado emergente–, siguiendo por la renta fija –condenada al declive a medida que desaparecen los estímulos de los bancos centrales– y finalizando por activos refugio en otro tiempo indiscutibles como el oro. También las criptodivisas, que al inicio del año parecían la gran promesa de rentabilidad para aquellos dispuestos a asumir los riesgos más elevados, han pinchado este año y el incierto valor del bitcóin se ha reducido a una cuarta parte del que era en enero.

4,5% es la caída en el año del oro, activo refugio por excelencia

Nada de esto ocurre con la vivienda en España. Su precio se ha encarecido en 2018 el 6,2%, según el índice de precios de vivienda que elabora el INE. El dato es a cierre del tercer trimestre pero para lo que queda de año no se prevé un descenso que haga perder al ladrillo su liderazgo de rentabilidad en la comparativa con otros activos. Y tampoco es de esperar una recuperación del mercado en la recta final del año capaz de cerrar la brecha de rentabilidad en el balance anual entre los activos financieros y la vivienda.
Vivienda
El alza de precios es especialmente notable en Madrid, donde suben este año el 9,7%, y Cataluña, con un incremento del 7,5%. Y aún más evidente en la vivienda de segunda mano, con subidas de precios en el año del 10,1% en Madrid. De hecho, la vivienda de segunda mano ha registrado al cierre del tercer trimestre su mayor encarecimiento desde 2007 en términos interanuales.
Los incrementos de precios recuerdan a los años del boom, aunque los precios siguen aún en niveles de 2012 y 2013, según puntualiza Beatriz Toribio, directora de estudios de Fotocasa.
Bolsa
En Bolsa, tras las caídas acumuladas este año, las valoraciones no están precisamente a precios de burbuja. Solo en Wall Street se han visto niveles más vertiginosos, que se han depurado en gran parte tras varias correcciones. Los índices S&P y Dow Jones luchan estos días por no acabar el ejercicio en pérdidas, en contraste con los contundentes números rojos de las Bolsas europeas. El Nasdaq incluso salva el ejercicio con un alza cercana al 1%, después de encajar intensos sobresaltos que han puesto en cuestión la fulgurante trayectoria de algunos de sus valores estrella, como Facebook o, más recientemente, Apple.
El año arrancó con la Bolsa como el activo estrella en las carteras de los gestores. El punto de partida en las estrategias de inversión –y que la mayoría de gestoras sigue viendo válido– era considerar que todavía había margen para las subidas antes de que concluyera del todo el proceso de retirada de estímulos monetarios que ha estado alimentando en los últimos años el rally bursátil. Los indicadores de crecimiento económico y los resultados empresariales continúan estando a favor de la inversión en Bolsa. El año se ha convertido sin embargo en una volátil carrera por intentar anticiparse al momento en que, de forma inevitable, llegará el cambio de ciclo. Y el intenso ruido político que ha marcado el paso de los mercados ha contribuido a acentuar las ventas. En especial la amenaza de guerra comercial lanzada desde la Casa Blanca y que lleva meses haciendo temer que el proteccionismo termine por provocar un menor crecimiento y con ello, el inicio del declive económico global.


ALGUNAS ESTRATEGIAS GANADORAS


Selección de valores. Es tarea obligada para la gestión activa en tiempos volátiles como el actual, aunque este año las bajas valoraciones tampoco han sido promesa de rentabilidad y el dinero ha preferido mantenerse en valores caros como los tecnológicos. En el Ibex, las mayores subidas del año son para Acciona (17,7%) y Naturgy (15,7%), frente a las fuertes pérdidas de los bancos.
El efecto divisa. El dólar ha mostrado su fortaleza –el euro se ha depreciado el 5% este año frente al billete verde–, lo que ha permitido al inversor europeo en Wall Street ampliar las ganancias. En cambio, el alza del dólar ha minado la inversión en países emergentes, con derrumbes en sus divisas.
La excepción brasileña. El Bovespa gana el 16,5% en el año, tras el rally iniciado con la victoria de Bolsonaro en las presidenciales de octubre. La caída del real del 14,4% anula sin embargo la ganancia para quien invirtió en dólares.

A falta de tres semanas para que concluya el año, el Ibex acumula una pérdida en 2018 del 12,2%, el Dax, del 16,5% y el italiano Ftse Mib –que llegó a rentar a doble dígito antes de las elecciones generales de mayo–, del 14,2%. En el ánimo de los inversores ha calado el temor al regreso de la recesión económica –ya sin el sostén incondicional de los estímulos de los bancos centrales–, ante la evidencia de que la economía de EE UU va a comenzar a perder fuelle pese a su actual fortaleza –una vez se agote el efecto de la reforma fiscal de Donal Trump– y de que el actual enfriamiento de la zona euro bien puede ser más estructural que circunstancial, como aún intenta dilucidar el BCE.
Deuda
Los riesgos políticos que han enturbiado este año la inversión en activos financieros –y a los que el ladrillo español ha permanecido ajeno– han sido muy numerosos. La guerra comercial es el que ha demostrado más capacidad desestabilizadora, pero a ella se han sumado también el desafío presupuestario italiano –que ha amenazado con reabrir la caja de los truenos del proyecto europeo–, las elecciones presidenciales en México y Brasil y el Brexit, de incierto desenlace y que afronta jornadas decisivas en los próximos días.
Sin embargo, los bancos centrales siguen siendo el faro que más guía a los inversores. Y el proceso de desmantelamiento de todo el entramado con el que salieron a combatir la gran crisis es clave en las pérdida que sufre otro de los grandes activos financieros, la renta fija.
La inversión financiera más conservadora tampoco ha estado por tanto a salvo este año: la Fed ha intensificado las subidas de tipos –provocando un alza de rentabilidad de los bonos, en paralelo a la caída de sus precios– y el BCE ha anunciado el final de sus compras de deuda, que desde marzo de 2015 han sido el sostén con el que alimentar la revalorización de la deuda europea. Y sin la demanda asegurada que han supuesto las compras millonarias del BCE, el precio de la deuda estaba condenado a caer.
La gestión de la renta fija en este contexto adverso ha obligado a buscar resquicios de rentabilidad en el corto plazo y a aprovechar oportunidades puntuales de hacer ganancias, como la que ofreció la deuda soberana española en los primeros meses del año con las mejoras de rating, la que aún es capaz de arrojar la deuda alemana –convertida estos días en refugio ante el recrudecimiento de la guerra comercial pese a su mínima rentabilidad– o la que presenta la deuda italiana para quienes confían en que el pulso entre Roma y Bruselas terminará en acuerdo.
Fondos
En este entorno de mercado, los fondos de inversión no se salvan de las pérdidas. No hay familia que se salve de la quema y a cierre de noviembre, según los últimos datos de Inverco, las pérdidas más abultadas eran para los fondos de renta variable nacional (-6,4%) y de renta variable internacional (-6,20%). El mal año bursátil no hace excepciones y también los fondos de Bolsa española de los gestores estrella –de firmas como Cobas, azValor o Bestinver- sufren fuertes pérdidas.
El balance menos malo, sin salir de las pérdidas, lo arrojan los fondos de deuda a más corto plazo, los monetarios, con una caída del 0,46%. Insuficiente en todo caso para cumplir con la consigna básica de no perder poder adquisitivo y al menos superar el IPC, del 1,7% interanual en noviembre.



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