sábado, 29 de diciembre de 2018

La trágica historia que esconde la ciudad de origen de Papá Noel: arrasada por los nazis hasta los cimientos.

ABC HISTORIA


San Nicolás de Bari fue un obispo griego al que se le atribuye una larga lista de milagros y es la remota base histórica del actual Papá Noel.

San Nicolás de Bari salva a tres inocentes. Cuadro de Iliá Repin (1889)


Dice la leyenda que varios sacerdotes y obispos se encontraban discutiendo sobre quién sería el futuro obispo de Myra (Anatolia), cuando, al no ponerse de acuerdo, se decidió que fuera el próximo sacerdote que entrase en el templo. Este no fue otro que San Nicolás de Bari. Nacido en el año 280 d.C. en Patara (Turquía) en tiempos del Imperio Bizantino, este obispo griego al que se le atribuye una larga lista de milagros es la remota base histórica del actual Papá Noel.

¿Empezaron con él los regalos navideños?

Entre los milagros de este obispo, cuenta la tradición que un padre no podía casar a ninguna de sus tres hijas porque no tenía dinero para las dotes. Enterado de esto, Nicolás entró por la noche en casa de las jóvenes para poner bolsas llenas de oro dentro de sus calcetines, que era costumbre colgar sobre la chimenea para secarlos.
Claro que aquello no fue el origen de la tradición de los regalos. Desde la antigüedad se realizaban fiestas –a mediados de diciembre– en honor a Saturno (Cronos para los griegos), al final de las cuales los niños recibían obsequios de todos los mayores. Y, si bien no está claro cuándo fue adoptada la tradición de San Nicolás repartiendo regalos a los niños cristianos, se sabe que su historia fue objeto de escenificaciones cortesanas a principios de la Edad Moderna. Es decir, que estaba ampliamente extendida en Europa. Los cronistas destacan que en la corte de Felipe II de España era habitual celebrar el 6 de diciembre, día de San Nicolás de Bari, la llamada Fiesta del zapato, con la eventual participación de alguna dama de Palacio.
La feliz historia se montaba en clave de pantomima, «con máquinas, representaciones y músicas», y relataba la historia de San Nicolás y las tres jóvenes. La celebración de una representación popular en la corte de Felipe II era algo fuera de lo común puesto que durante su reinado no hubo teatro en Palacio, ni concedió su tesoro subsidio alguno a dramaturgos ni mecenazgo a actores.
En esas fechas, la tradición de celebrar San Nicolás ya estaba enraizada en el resto del Viejo Continente, y se ha mantenido hasta la actualidad, a pesar de que los predicadores calvinistas quisieron suprimirla en el contexto de las guerras de religión contra el Imperio español y la Iglesia Católica. La cultura anglosajona transformó al santo griego en Santa Claus, con su cuartel general en el Polo Norte y un trineo para cargar con los regalos en vez de un barco. La versión española, Papá Noel, fue, a su vez, una adaptación del nombre que recibía el santo en Francia, «Père Noël».

La ciudad arrasada en Finlandia

Según esta tradición más moderna, Papá Noel vive en las proximidades del Polo Norte, junto a la Señora Claus y una gran cantidad de Duendes navideños, que le ayudan en la fabricación de los juguetes y otros regalos que le piden los niños a través de cartas. Concretamente se ubica su cuartel en Rovaniemi, la capital administrativa de la provincia de Laponia, en la República de Finlandia. Una ciudad que se hizo tristemente célebre en septiembre de 1944 cuando, a raíz de la firma de un armisticio entre Finlandia y la Unión Soviética para luchar contra el Tercer Reich, las tropas de la Wehrmacht estacionadas en la zona practicaron una táctica de «tierra quemada».
Los nazis habían utilizado Rovaniemi, con unos 6.000 habitantes, como punta de lanza para su invasión nórdica. De ahí que en octubre de 1944 las tropas de Hitler arrasaran el lugar para que los filandeses no usaran las infraestructuras construídas contra ellos durante su retirada. Un incendio en el depósito de municiones desencadenó el horror en medio del frío extremo. Así se destruyó el 90 por ciento de sus edificios y viviendas, muriendo con ello 279 de sus habitantes. El resto fueron evacuados a Suecia. A su regreso, las minas mataron a otro centenar de lugareños.
Tras la guerra, el arquitecto Alvar Aalto planeó una nueva ciudad con la forma del asta de un reno, a modo de declaración al mundo de que aquella era la tierra del mítico Noel. La fundación de esta nueva Rovaniemi tuvo como fecha de partida el año 1960, y desde entonces vive del turismo generado por su ilustre huésped.

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