viernes, 15 de julio de 2016

Caravaggio. El pintor de la luz y su estela europea

AHORA SEMANAL
ARTE

Una exposición en el Museo Thyssen recorre la influencia del maestro italiano en sus vecinos del norte.

‘San Juan Bautista en el Desierto’, obra de Caravaggio, de 1602. MUSEO NELSON-ATKINS DE ARTE, ADQUIRIDA POR WILLIAM ROCKHILL NELSON TRUST.


Las pinturas de Caravaggio (Milán, 1571 - Porto Ercole, 1610) resplandecen bajo los focos del Thyssen, colgando de unas paredes de color rojo vivo. Parece que no pertenecieran ni a sus marcos, ni siquiera a este mundo. Las imágenes se presentan ante el espectador como escenas congeladas de una película. Cada pintura supone una sacudida repentina. Uno siempre está en peligro de olvidar que Caravaggio está pintando, sus cuadros se presentan ante el espectador como eventos pictóricos. Los personajes se muestran contenidos en habitaciones oscuras, espacios cavernosos iluminados por una única fuente de luz intensa. El cineasta inglés Derek Jarman observaba en sus notas para Caravaggio —su película de 1986 sobre el artista italiano— que el tema de la cinta era la vida del pintor que inventó la luz cinematográfica. Es precisamente este uso de la luz, que habita los cuadros como si fuese un personaje más, lo que ha fascinado a artistas, mecenas y público desde que Caravaggio empezó su actividad artística en Roma en 1592, con poco más de 20 años.
Los discípulos norteños
¿Quiénes fueron los seguidores de Caravaggio en el norte de Europa? Esta es la cuestión central detrás de la exposición del Museo Thyssen-Bornemisza, Caravaggio y los pintores del norte, que incluye un total de 53 pinturas, 12 de ellas del maestro italiano y 41 de pintores del norte de Europa. La muestra incluye tres piezas del pintor milanés que hasta ahora no se habían exhibido en España: El sacrificio de IsaacSan Francisco en meditación y San Juan Bautista en el desierto. Hasta comienzos del siglo pasado el tema de Caravaggio y sus seguidores había sido omitido de los estudios sobre el pintor. El historiador italiano Roberto Longhi suplió esta carencia en una serie de artículos y ensayos escritos entre 1914 y 1968, año de su muerte. La primera gran síntesis de estas investigaciones apareció en una exposición sobre Caravaggio y los caravaggistas que Longhi dirigió en Milán en 1951. Uno de los patrones más comunes que se observan en las carreras de los artistas del siglo XVII es un conqueteo con el estilo de Caravaggio seguido, en la mayoría de los casos, por un rechazo de su figura. Esta fórmula es aplicable a las carreras de, entre otros, Guido Reni, Rubens, Velázquez y Rembrandt.

Las cualidades del arte de Caravaggio que avivaron el entusiasmo de colegas y seguidores son múltiples: su vívido realismo, la mentalidad literal, el atrevido carácter narrativo de las escenas. Todo bañado por un empleo dramático de la luz. El posterior rechazo está generalmente provocado por una sola cualidad: la fealdad. La carrera de Adam Elsheimer, que abre junto con Rubens la primera sala de la exposición dedicada a los seguidores del pintor, siguió este patrón. La obra del artista alemán contiene tanto los motivos de la exaltación de Caravaggio como las razones de su desilusión estética. La conversión de Elsheimer al caravaggismo se produjo poco después de su llegada a Roma en 1600, cuando la fama y la reputación del italiano estaban en su apogeo. Su obra Judith y Holofernes, con sus ecos tenebristas y la proliferación de detalles que rozan el plagio, muestra la influencia tan extrema que Caravaggio tuvo en su carrera.

Rubens es otro de los pintores del norte que entabló un intenso diálogo con el italiano. Caravaggio estaba todavía vivo cuando el pintor flamenco llegó a Italia en 1600. Murió en en 1610, dos años después de que Rubens volviese a Amberes. La violencia y el extremismo en Rubens son profundamente caravaggiescos. A diferencia de sus contemporáneos, el flamenco entendió la originalidad del artista no por sus cualidades ópticas sino por las espaciales. Caravaggio es salvaje; Rubens, carnal. Pero las meditaciones del artista barroco flamenco sobre Caravaggio le llevaron a pintar sus piezas más trágicas y sus obras maestras más complejas.
La seducción de Caravaggio reside en la manera en la que dirige la atención del espectador a los detalles
La exposición del Thyssen demuestra que Caravaggio repercutió decisivamente en el curso del arte europeo. Su influencia se esparció por la Europa de su época como una plaga pictórica. Rubens llevó su mensaje a todas las cortes en las que desarrolló su trabajo. Los pintores de Utrecht Gerrit van Honthorst yHendrick ter Brugghen vieron sus cuadros en Italia y llevaron su estilo de vuelta a los Países Bajos, donde inspiró a Vermeer. Sus escenas de la vida cotidiana y del mundo rural fueron imitadas por un joven Velázquezen España, e incluso el pintor de la escuela clasicista francesa Nicolas Poussin aprendió algo sobre el uso de las sombras de Caravaggio. En Italia fue imitado por Guercino y Guido Reni, y de manera brillante, por Bernini en la escultura El éxtasis de Santa Teresa, el origen de cuya arriesgada mezcla de sexo y religión se deja entrever en el ángel caravaggiesco que está a punto de atravesar a la santa con una flecha. El prestigio de su nombre y la autoridad de su estilo llegaron hasta Gran Bretaña, donde su discípulo Orazio Gentileschi trabajó para Carlos I. Un autorretrato de la hija más conocida de Orazio, y discípula de Caravaggio, Artemisia, forma parte de la Royal Collection. Los siglos posteriores vieron caer la estrella de Caravaggio, cuyo estilo llegó a dominar la Europa del barroco. En el siglo XIX, los neoclasicistas se pusieron de acuerdo con Poussin, quien horrorizado por el realismo del pintor italiano sostenía que se trataba del hombre que había venido a destruir el arte.

Pero no es solamente una cuestión de realismo, de miradas y cuerpos explícitamente sexualizados y dramáticos. La seducción de Caravaggio reside en la manera en la que dirige la atención del espectador, la forma en la que lo hace viajar en sus obras, llevándolo de detalle en detalle. Los cuerpos vestidos y desnudos, revelados y ocultos, el juego de extremidades y miradas fuerzan a recorrer las obras sin descanso. Caravaggio es uno de los pocos pintores italianos de su época capaz de hacer sentir que sus figuras tienen una solidez que continúa más allá de la superficie plana del lienzo. Sus escenas captan e inmovilizan la tridimensionalidad del cine. El ojo entra en la pintura y deambula por la escena. Se mueve a través y alrededor del espacio pintado.



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