lunes, 25 de septiembre de 2017

Marawi cumple cuatro meses en manos del ISIS. 4º ESO

EL MUNDO Internacional
Mónica G. Prieto

Evacuados por las operaciones militares contra las posiciones del Estado Islámico en Marawi en la ciudad de Iligan, en FilipinasCERILO EBRANOEFE

El presidente Duterte anuncia la proximidad del final de los combates por la ciudad filipina
Sin embargo, desde mayo sostiene que el asedio no duraría más de dos semanas

La toma a manos de radicales de Marawi, ciudad de Lanao del Sur, en la isla filipina de Mindanao, entra hoy en su cuarto mes de combates en un doloroso recordatorio del peligro extremista en el Sureste Asiático y de la inferioridad de los Ejércitos convencionales ante escenarios de guerrilla urbana como el que ha destrozado esta urbe, de 200.000 habitantes.
La operación militar lanzada por el presidente Rodrigo Duterte para liberar la villa del Grupo Maute -organización afiliada al ISIS, que el pasado 23 de mayo se hizo con el control del centro urbano- ya se ha cobrado casi 900 vidas y ha puesto en entredicho la diligencia y credibilidad del Ejecutivo, que desde mayo anunció que la batalla no se demoraría más de "dos semanas" y cuantificó en "decenas" a los combatientes, locales y extranjeros, que tomaron las armas con los hermanos Maute, fundadores del grupo, y con Abu Sayyaf, a cargo de la cual se encuentraIsnilon Hapilon, emir del Estado Islámico en el Sureste Asiático.
El mismo Gobierno estima ahora que unos 690 extremistas han muerto en los combates, junto a 151 uniformados y 47 civiles. La situación recuerda poderosamente a otros asedios urbanos impuestos por radicales como el de Nahr al Bared, el campo de refugiados palestino libanés tomado por el grupo extremista Fatah al Islam, que declaró en el casco viejo un califato islámico, provocando combates con el Ejército que causaron 450 muertos a lo largo de casi cuatro meses y la práctica destrucción del núcleo urbano.
En Filipinas, Mindanao también vivió su propio precedente en 2013, cuando el Frente Moro para la Liberación Islámica tomó la ciudad de Zamboanga y alzó la bandera de la República de Bangsamoro, que se había declarado días antes en la municipalidad de Talipao (Sulu). Si bien la ofensiva militar sólo tardó tres semanas en expulsar a los combatientes, 100.000 personas resultaron desplazadas.
El jueves, el propio Duterte aprovechó su visita a Marawi -la quinta desde que comenzó el asedio- para prometer que los combates se acercan a su fin, y atribuyó la demora a la voluntad de liberar al medio centenar de rehenes que hizo el grupo mantiene desde el inicio de su ofensiva. Su anuncio suena a viejo: tanto el presidente como sus ministros llevan repitiendo, desde mayo, que los combates no durarán más de "diez o 15 días".. Incluso tacharon la ofensiva islamista de operación improvisada por los yihadistas, en supuesta respuesta al intento de las Fuerzas de Seguridad de arrestar a Hapilon.
Los vídeos difundidos por los vecinos tras el asalto de mayo, donde se veían a decenas de encapuchados recorriendo la ciudad a bordo de vehículos mientras ondeaban banderas del Estado Islámico, así como una grabación de los rebeldes donde se podía ver al propio Hapilon con sus lugartenientes, preparando la ofensiva con improvisados mapas, contradijeron al Gobierno.
Su control de la guerra urbana, los túneles y las trampas con explosivos se revelaron como un arma eficaz frente a los bombardeos aéreos del Gobierno filipino, que evacuó la ciudad -hay más de 400.000 desplazados en todo Lanao del Sur, según la prensa local- y martilleó sin piedad el casco urbano sin apenas obtener avances.

El vicario, liberado

Los yihadistas lograron ampliar la zona bajo su control e incluso extender la tensión a localidades circundantes, además de mantener en su poder a decenas de los rehenes que habían capturado en la toma del Hospital, la Catedral de Santa María y la Alcaldía de Marawi. Sólo las primeras dos semanas de lucha se cobraron las muertes de un centenar de personas. Los rebeldes tomaron sin dificultad los tres puentes, permitiéndoles hacerse fuertes en el distrito comercial, el barrio de Banggolo.
Entre los rehenes se encontraba el vicario general de Marawi y sacerdote de Santa María, Teresito Soganub, quien fue obligado por los yihadistas a grabar un vídeo donde imploraba al Ejército que dejase de bombardear la ciudad de Marawi para preservar sus vidas. Al menos cinco rehenes fueron decapitados por los militantes, algo que generó pesimismo sobre la suerte del religioso, del que no hubo más noticias hasta la pasada semana.
El rostro cansado pero sonriente de Soganub, que ha pasado 22 años a cargo de la Prelatura de Malawi, emergió en la noche del pasado sábado, cuando los militares filipinos asaltaban la Mezquita de Bato: el Ejército afirmó haberle rescatado, aunque se ha publicado que pudo huir junto a otros cautivos ante el caos de los combates o incluso que pudo ser liberado por los yihadistas. El lunes, compareció brevemente ante la prensa en Camp Aguinaldo, Cuartel General de las Fuerzas Armadas de Manila, para demostrar que mantiene intacto su sentido del humor. "Estoy bien, físicamente fuerte y muy guapo", dijo, exhibiendo una larguísima barba fruto del secuestro.
El religioso calificó sus 117 días de cautiverio como "la voluntad de Dios" y explicó, a su llegada a Manila, que nunca pensó en escapar para compartir así la suerte del resto de rehenes hasta el final. También tuvo palabras destinadas a la reconciliación de las dos comunidades. "A los musulmanes de Marawi y Lanao del Sur quiero decirles que sigo creyendo en que podemos estar unidos como musulmanes y cristianos. No somos enemigos, pues creemos en un solo Dios".

Puente Masiu

Esta semana, las tropas filipinas -que están siendo asistidas por países como Estados Unidos o Australia, muy interesados en contener la presencia de aliados del Estado Islámico en Asia- han logrado tomar el control de ambos extremos del puente Masiu -que comunica la zona vieja, donde siguen siendo fuertes los extremistas- con el resto de la ciudad en un paso más para aislar a los combatientes. Situados en edificios próximos, los francotiradores de Grupo Maute hostigan a las tropas y se sirven de lanzacohetes para impedir el paso de vehículos pesados, pero los últimos avances hacen pensar que, en esta ocasión, los rebeldes sí están perdiendo el control del barrio de Marawi donde se han atrincherado. En los últimos días, el Grupo Maute ha perdido dos de las tres mezquitas que empleaba como cuarteles generales.
El Ejército filipino lleva bombardeando por aire y tierra desde mayo -Duterte declaró la ley marcial en todo Mindanao, y ha anunciado que no la levantará hasta el final de los combates- mientras que la Armada controla el Lago Lanao para impedir que los yihadistas puedan huir en barco. Con el puente Masiu, los uniformados tienen en su poder todas las estructuras que unen las rivieras del río Agus, aunque el Ministerio de Defensa indica que el peligro actual se encuentra bajo tierra, en los túneles excavados por los extremistas para deslizarse sin ser vistos y por los que protagonizan asaltos inesperados.
El jefe de las Fuerzas Armadas filipinas, Eduardo Año, ha asegurado que uno de los objetivos de sus tropas es impedir "que Isnilon salga vivo de Marawi", dado que su mera supervivencia implicaría una tácita victoria para sus seguidores y la organización que representa. También se cree en la ciudad a Omar Maute, fundador junto a su hermano Abdullah del Grupo Maute, en 2012: Abdullah fue dado por muerto hace unas semanas por el Ejército, que cree que su hermano Omar podría estar herido. Se trataría del único de los siete hermanos Maute que habría sobrevivido.

Para el coronel Romeo Brawner, viceresponsable de la fuerza militar a cargo del asalto de Marawi, la caída de la Gran Mezquita es un símbolo de que se avecina el final de la ofensiva. "El área bajo control del grupo terrorista Maute se está reduciendo. Hemos constatado que su resistencia se debilita", afirmó en una rueda de prensa, el pasado lunes. "Se están retirando a medida que les atacamos, pero dejan artefactos explosivos que nos impiden avanzar. Debemos ser muy cuidadosos", afirmó el coronel que estimó en 80 el número de combatientes activos y en 40 la cifra de rehenes. Según el Ejército, los yihadistas habrían obligado a algunos rehenes a tomar las armas para preservar sus vidas.

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