sábado, 23 de febrero de 2019

Los españoles consumen el triple de azúcar que la recomendada por la OMS

EL PAÍS SOCIEDAD
Emilio De Benito

El nutricionista Carlos Ríos alerta de que el peligro está en la glucosa escondida en platos preparados.


Un saco de azúcar en una refinería. GETTY


Para comer azúcar de más no hace falta ser goloso. Este alimento es intrínseco a muchos productos, desde fruta a lácteos, puede añadirse a cucharadas o mediante el uso de miel, pero también está oculto en muchos platos procesados (del pan a los precocinados), advierte el nutricionista Carlos Ríos, quien, junto a la aseguradora DKV, ha elaborado un documento sobre el riesgo de este nutriente y cómo reducirlo. Algo muy recomendable en España. Según el estudio Anibes, un trabajo de referencia sobre la dieta mediterránea en particular y la alimentación de los españoles en general, la ingesta media de azúcar es de 71,5 gramos al día. La Organización Mundial de la Salud recomienda que no sean más de 25 gramos, o el 10% de las calorías totales. Y la causa es clara: la obesidad y la diabetes están en alza, y muy estrechamente ligadas a este alimento (aunque no es el único, y la aseguradora ya prepara trabajos sobre grasas y sal).
En el acto de presentación del compromiso de esta mañana en Madrid, Ríos, creador de un movimiento que ha denominado Realfooding, que podría traducirse por comida real o auténtica, ha dicho que, en líneas generales, la mitad de la ingesta de una persona debe ser de origen vegetal, y hasta un 90% de alimentos poco procesados, incluida la carne y el pescado. El otro 10% queda para esos caprichos como una tarta de cumpleaños, una pizza o cualquier otro alimento de los que denomina ultraprocesados. Pero no todos son malos. El nutricionista da una regla: que tengan menos de 10 gramos de azúcar por cada 100 gramos.
Para ayudar a cumplir estos objetivos, aparte de educación, el documento recomienda aspectos como gravar las bebidas azucaradas (tienen hasta el equivalente a 12 cucharadas de azúcar) y retirar algunos de estos productos de las máquinas dispensadoras, sobre todo en centros escolares y sanitarios. También consideran recomendable que sea uno mismo el que prepare la comida, porque así se reduce el consumo de preparados y se valoran los nutrientes. Porque el riesgo de los ultraprocesados "no es solo lo que tienen, sino lo que no tienen", ha dicho Ríos, en referencia a que al comerlos no se ingieren otros productos más sanos. Y, claramente, mejorar el etiquetado.
Pero, además, el documento es especialmente crítico en dos aspectos. Por un lado, acusa a la industria azucarera de emplear "tácticas bastante similares a las ya vistas en la industria tabacalera", como desviar la atención del azúcar a las grasas cuando se empezó a hablar de epidemia de obesidad. Y, al respecto, muestra en un gráfico con datos del Centro de Control de Enfermedades de EE UU (CDC) cómo el consumo de azúcar se relaciona mucho más con la tasa de obesidad del país que el de grasas.
El otro varapalo se lo lleva el reciente acuerdo entre el Ministerio de Sanidad y los fabricantes de alimentos para reducir un 10% de media de contenido de azúcar, sal y grasas de casi 4.000 productos. Hay variaciones en función de los alimentos. Para las galletas, por ejemplo, es un 5%. "Si se analiza su traducción a la práctica se observa que su impacto sobre la mejora de la salud es mínimo". Y pone como ejemplo que "si unas galletas contienen un 20% de azúcar, y con la medida se reduce su presencia un 5%, las galletas presentarán un 19% de azúcar [el 5% del 20% es 1%], una disminución casi inapreciable". Por eso DKV considera que "esta medida no es una acción efectiva para combatir la obesidad, ya que se seguirán vendiendo productos no saludables, ultraprocesados y con grandes cantidades de azúcar oculto".
Ríos incide en esta medida. La reformulación —el proceso que teóricamente deben emprender los fabricantes de alimentos para cumplir con esas reducciones— "no es efectiva", y afirma que no se trata de comer lo mismo confiando en que hayan reducido un poco sus componentes dañinos, sino en cambiar el tipo de alimentos.

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