sábado, 23 de febrero de 2019

Los trabajadores extranjeros vuelven a España: más de 220.000 en dos años. 4º ESO-Economía-IAEE

ABC ECONOMÍA
Roberto Pérez

Los inmigrantes suponen el 13% de toda la población activa que hay en nuestro país.


YOLANDA CARDO


España ha vuelto a ser un país importador de mano de obra extranjera, tras años en los que el paro provocó una acusada pérdida de población activa. Durante la recesión, la falta de oportunidades laborales hizo que fueran muchos más los inmigrantes que abandonaban España que los que ponían rumbo hacia nuestro país. Y, además, un buen número de jóvenes españoles hicieron las maletas para buscar en otros países el empleo que no conseguían en España. El resultado fue una brusca caída de la población activa, del «músculo laboral» del país: año tras año, a la par que aumentaba el paro, se reducía el número de habitantes en edad y condiciones de trabajar. Pero en los dos últimos años, España ha vuelto a ganar población activa. Eso sí, solo gracias a la inmigración, porque los activos «autóctonos» siguen yendo a menos como consecuencia de una crisis demográfica arrastrada desde hace años por el desplome de la natalidad y un creciente envejecimiento.
En solo dos años, de finales de 2016 a finales de 2018, España ha atraído a más de 220.000 trabajadores extranjeros. La población activa inmigrante ha pasado, exactamente, de los 2,66 millones que había en el último trimestre de 2016, a los 2,89 millones de finales de 2018, según los datos recogidos en la última Encuesta de Población Activa (EPA).
La Seguridad Social ha recuperado la cifra de afiliados extranjeros que tuvo antes de la crisis
Que España vuelva a ser atractiva para los inmigrantes que buscan empleo es una buena noticia. Primero, por lo que tiene de sintomático: los países que captan mano de obra extranjera cuentan con economías que ofrecen oportunidades laborales. Y, segundo, porque España necesita importar capital humano para compensar esa profunda crisis demográfica que compromete las cuentas públicas y, en particular, el sistema de pensiones.
Durante la crisis, la Seguridad Social fue azotada por la tormenta perfecta: paro al galope, cotizantes a la baja y un país que perdía población joven y que agudizaba su envejecimiento demográfico. Ahora, al menos, parte de esas variables se han corregido: España lleva años sumando cotizantes y vuelve a atraer mano de obra extranjera, inmigrantes que en su inmensa mayoría están en edad fértil y que, por tanto, insuflan un potencial de natalidad del que España anda muy necesitada. El reto, ahora, es sostener el crecimiento económico para que esa dinámica no vuelva a truncarse. De ahí que preocupe la ralentización económica que ha empezado a asomar.
El propio Fondo Monetario Internacional (FMI) ha alertado a España de que le resulta esencial atraer población extranjera que trabaje y cotice. «Las migraciones que aumentan el número de trabajadores elevan también el número de contribuyentes al sistema de pensiones», indicó el FMI hace unos meses en un informe en el que abordaba el incierto panorama al que se enfrenta la Seguridad Social española. A la vista de las bajas tasas de natalidad que comprometen a la demografía española desde hace años, el FMI incluso ha hecho un cálculo de cuántos inmigrantes necesita sumar España: cinco millones y medio de aquí al año 2050, dando por hecho que el 90% de ellos serán activos, personas en edad y condiciones de trabajar.

Del «boom» a la crisis

Desde finales de los años 90 hasta que comenzó la crisis, España vivió un auténtico «boom» de inmigración. En aquel momento fue gracias a una economía que crecía apuntalada, principalmente, por una vorágine inmobiliaria -y financiera- que acabó por desmoronarse y arrastrar a todos los sectores productivos. En solo seis años, de 2002 a 2006, llegaron a España 2,15 millones de trabajadores extranjeros. La población activa inmigrante, que en 2002 era de 1,37 millones de personas, llegó a superar los 3,5 millones en 2008. Pero aquel año, la crisis hizo que muchos de ellos decidieran abandonar España. Entre 2008 y 2016, nuestro país perdió unos 900.000 trabajadores inmigrantes que hicieron las maletas tras quedarse en el paro.
La tasa de paro entre los trabajadores extranjeros es del 21%, frente al 13% de los españoles
Atendiendo a las cifras de PIB y empleo, España dio carpetazo a la crisis en 2013. Pero no fue hasta el año 2016 cuando volvió a atraer mano de obra extranjera. En los dos últimos años, ha ganado unos 221.000 trabajadores inmigrantes, al calor de las nuevas oportunidades laborales que ofrece España. Y, de todos los extranjeros que están afincados en nuestro país y en condiciones de trabajar, la gran mayoría encuentran empleo, pese a que el paro les castiga más que a los españoles.

El 79%, ocupados

Según la última EPA, el 79% de la población activa inmigrante está ocupada. Es decir, la tasa de paro entre los extranjeros afincados en España es del 21%. Es un porcentaje elevado, y más aún si se compara con la tasa de paro que se da entre los españoles, que es del 13%. Es decir, la recuperación económica no llega por igual a autóctonos y foráneos: la tasa de paro es un 61% mayor entre los inmigrantes que entre los españoles.
En estos momentos, España ronda los dos millones de cotizantes extranjeros, inmigrantes que tienen empleo y que contribuyen a la Seguridad Social. En número, son prácticamente los mismos que los que llegó a tener antes de la crisis. Pero, aún así, harían falta más, porque «el sistema de protección social necesita que haya millones de cotizantes», según ha venido advirtiendo el secretario de Estado de la Seguridad Social, Octavio Granado. Como la demografía española no es suficiente por sí sola, la alternativa pasa forzosamente por apuntalar una estructura económica que sea capaz de atraer trabajadores extranjeros.
Esa población activa inmigrante, si está ocupada, es un revulsivo económico y demográfico, porque es una población eminentemente joven. Actualmente, solo el 9% de la población activa inmigrante tiene más de 55 años; el 34% es menor de 35.

Rumanos y marroquíes

Los rumanos y los marroquíes son, por este orden, los dos colectivos más numerosos entre los inmigrantes que trabajan en España. Según las últimas estadísticas de afiliados extranjeros a la Seguridad Social, entre esas dos nacionalidades representan el 30% del total. Con diferencia, el grupo más numeroso es el rumano. Actualmente hay dados de alta en la Seguridad social, como trabajadores en activo -sean asalariados o autónomos-, alrededor de 330.000 rumanos y 250.000 marroquíes. Los italianos son la tercera nacionalidad más numerosa: hay 111.000 trabajando actualmente en España. A continuación están los 105.000 chinos, los 72.000 ecuatorianos y los 65.000 procedentes del Reino Unido.
Si se cuenta el total de la población activa inmigrante -sumando tanto ocupados como parados-, la gran mayoría son europeos o iberoamericanos: el 42% proceden de países europeos -la mayoría de la UE- y un 30% de Iberoamérica.

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