jueves, 5 de septiembre de 2019

¿Por qué los letales Tercios españoles no participaron en la conquista de América? 3º ESO

ABC HISTORIA
César Cervera

Los gobernadores de Chile pusieron en marcha, con autorización de la Corona, el que es probablemente el primer ejército permanente en América: el Tercio de Arauco.


Tercios españoles


Entre los soldados que acompañaban a Hernán Cortés en su lucha contra el Imperio azteca y a Francisco Pizarro contra el Inca había muchos veteranos de las campañas del Gran Capitán en Nápoles y Sicilia, germen de lo que en tiempos de Carlos V se llamaría Tercios. Sentar base como soldado en Italia o cruzar el océano en dirección a América era el dilema más habitual para los castellanos que buscaban en el siglo XVI escapar del hambre y vivir doradas aventuras. Francisco Pizarro o Álvar Núñez Cabeza de Vaca son algunos ejemplos de soldados que viajaron a América tras forjarse primero en Italia. Otros como Alonso de Ojeda, Ponce de León, Pedrarias Dávila lucharon antes en la guerra de Granada de los Reyes Católicos.
Pero una cosa era exportar individuos y otra muy distinta una unidad entera. Los Tercios españoles, una legendaria infantería que barrió de los campos europeos a los enemigos de la dinastía Habsburgo, no participó directamente en la gran gesta al otro lado del charco. No en vano, como señala José Javier Esparza en su nuevo libro « Tercios: Historia ilustrada de la legendaria infantería española» (La Esfera de los libros) los vínculos entre ambas aventuras son estrechos: «La empresa de Indias siguió una dinámica completamente diferente a las aventuras europeas. Aunque es verdad que muchos soldados de los tercios pasaron después a América, que el singularísimo estilo de la infantería española tiñó numerosos episodios americanos».

El rastro de la mejor infantería en América

La conquista de América se fundamentó en iniciativas particulares, donde los Reyes españoles a través de capitulaciones con los adelantados se aseguraban parte de las ganancias (el quinto real) y la soberanía sobre las tierras. Los riesgos y los costes corrían a cuenta de cada capitán y no de la Corona, que tenían mucho que ganar y poco que perder. De ahí que cada adelantado eligiera la estrategia y las tácticas empleadas por sus tropas para abrirse paso por un continente desconocido. Durante toda la exploración y conquista de América, el primer problema fue la falta de auténticos soldados entre la mezcolanza que formaban las expediciones de conquistadores, así como la falta de disciplina en sus filas.
Frente a la batalla «privada» que fue la conquista de América, el Imperio español dominó los campos de Italia, Flandes, Alemania, Francia y el norte de África con la ayuda de una fuerza profesional, los llamados Tercios, financiada directamente por la hacienda real. Dos modelos inversos que compartían, claro está, la misma materia prima: los infantes de Castilla.
Tanto los conquistadores españoles como los soldados de los tercios compartían el mismo espíritu intrépido y el respeto por el honor como medidor de la reputación social. Además, se dieron tácticas similares en ambas fuerzas. Recuerda Esparza que en las campañas de Pedro de Alvarado en Guatemala, en la década de 1520, la caballería española (estos animales causaron una gran impresión entre los indios) recurrieron al «tornafluye» (huir y reagruparse rápido) característico de la lucha con los musulmanes en la Península. Una forma de combatir innovadora en Europa con la que los españoles habían suplido en sus primeros combates contra los franceses la mala calidad de su caballería.
También la infantería en América aplicó algunas de las tácticas que usaban sus compatriotas en Europa para luchar contra los indígenas y, en ocasiones, contra otros españoles, rebeldes a la Corona, como Lope de Aguirre o Diego de Almagro. Así, cuando Hernando Pizarro, hermano de Francisco, derrotó a Almagro en la batalla de Salinas (1538), lo hizo en parte por la mayor presencia de arcabuceros en sus filas y el uso de cuadros cerrados. Una unidad, los arcabuceros, en la que los Tercios españoles tenían su principal ventaja frente a otros ejércitos extranjeros.

La anomalía del Tercio de Arauco

Caso especial es el de Chile, donde sí se intentó crear un ejército permanente, que al menos en el nombre llevaba la palabra tercio. En el mencionado libro de José Javier Esparza, ilustrado por José Ferre Clauzel, se realiza un recorrido a lo largo de la historia de los Tercios y su réplica americana. El Tercio de Arauco nació ante la necesidad de los gobernadores de Chile de enfrentarse «al pueblo más belicoso de todo el continente, los mapuches». Ni siquiera su experiencia militar en Italia preparó a Pedro de Valdivia para enfrentarse a este pueblo. El extremeño logró causar importantes derrotas a los mapuches y controlar las tierras al norte del río Biobío. Sin embargo, un mapuche que estuvo tres años con los españoles llamado Lautaro aprendió a combatir como los europeos y, de vuelta con los suyos, los adiestró en el uso de la caballería.
Alonso de Ribera, veterano de las guerras en Italia y Flandes, quedó espantado ante el contingente a su disposición, solo 1.200 hombres, «milicia ciega sin determinación»
El propio Pedro de Valdivia acabó brutalmente asesinado por estos mapuches resurgidos, pasando su calavera a ser el mayor trofeo de este pueblo. A finales del siglo XVI, la oleada mapuche era tan fuerte como para plantear a la Corona española que se abandonaran las colonias más allá del río Biobío. Esta situación desesperada en la llamada «Flandes de las Indias» llevó al gobernador de Chile Alonso de Ribera a organizar una fuerza permanente tras la rebelión mapuche de 1598. Alonso de Ribera, veterano de las guerras en Italia y Flandes, quedó espantado ante el contingente a su disposición, solo 1.200 hombres, «milicia ciega sin determinación ni seguro fin, porque no es suficiente para ganar ni conservar», como le comentó en una carta al Rey. Soldados que cargaban de forma desordenada y compañías que cuando marchaban «lo hacen como buhoneros, sin orden y dispersos».
Retrato de Alonso de Ribera
Retrato de Alonso de Ribera
Los gobernadores Alonso de Ribera y Alonso García Ramón pusieron en marcha, con autorización de la Corona, el que es probablemente el primer ejército permanente en América. Crearon talleres para fabricar material militar y una red de fortificaciones y cuarteles, además de establecer un sistema de financiación y abastecimiento permanente colonizando tierras que se dedicarían exclusivamente a este fin. El resultado fue una fuerza militar profesional que permitió que la colonización española cruzara el Biobío definitivamente. Así y todo, las rebeliones mapuches se reprodujeron de forma intermitente incluso después del periodo colonial.
Pinchando en el enlace se accede al vídeo.

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